jueves, 27 de octubre de 2011

La mujer del viajero en el tiempo de Audrey Niffenegger

Henry trabaja de bibliotecario en la Newberry de Chicago cuando de pronto, una hermosa chica llamada Clare, a la que no conoce de nada, le abraza emocionada, enamorada de él desde hace mucho. Clare es su futura esposa y conoce a Henry desde su infancia, cuando él la visitaba esporádicamente desde el futuro de sus viajes en el tiempo. Y es que Henry tiene una afección genética que le obliga a saltar continuamente en el tiempo y moverse aleatoriamente por entre el pasado y el futuro de sus personas más queridas. Cuando un Henry de 1988 viaja a 1968 y conoce a la Clare de cinco años, se inicia para ambos una extraordinaria historia de amor, de compases y de espera, que enredará el hilo de sus vidas más allá de toda lógica temporal. Aunque para Clare siempre es duro quedarse atrás cada vez que Henry desaparece, sabe que alguna de sus "otras yo" estará esperándole en algún otro tiempo. Esta es la historia, llena de delicado dolor y extraordinaria ternura, de Clare como una Penelope paciente esperando al siempre retorno de su Ulises, y Henry, Ulises a su pesar: "Odio estar dónde ella me falta, cuando ella me falta. No obstante soy yo quien siempre se marcha, y ella no puede seguirme".

Esta historia comienza de un modo brillante, arrebatador, sorprendente, que golpea al lector y lo deja clavado en su butaca ansioso de seguir leyendo. Aunque a medida que pasan las páginas, la trama pierde un poquito de empuje y a menudo se ralentiza y se diluye, para llegar a un final que podría haber sido mucho más impactante si no se hubiese alargado innecesariamente los últimos tres capítulos. Sin embargo, se trata, sin lugar a dudas, de una excelente novela por su originalidad, por su contundencia narrativa y por sus bien dibujados personajes. Audrey Niffenegger, artista plástica con un prodigioso conocimiento del alma humana, escribe con pulso firme y palabras precisas la historia de la vida de dos personas que se aman a pesar de la (extraña) enfermedad de uno de ellos. Uno de los mayores encantos de La mujer del viajero en el tiempo es la forma en la que autora trata esa enfermedad, restándole incredulidad y visos de ciencia ficción, para tratarla como una afección más que sin embargo condiciona por completo la relación de sus protagonistas, entre ellos y con el resto del mundo. Así, no se le concede demasiada literatura a la sorpresa de los personajes en cuanto a que Henry viaje en el tiempo y se deja implícita, la mayoría de las veces, para centrarse en el drama humano, en las implicaciones sentimentales: la comicidad de alguna de las escenas al aparecer desnudo en medio de otra época, la ternura de conocer a Clare desde los cinco años, la tristeza/felicidad de revivir momentos del pasado terribles/maravillosos, el peligro de los saltos, etc. Ese factor es clave para dotar a la novela de frescura, rapidez de ritmo y mucha luz porque, pese a la tristeza, a la espera y al deseo, los protagonistas de Niffenegger siempre están llenos de fortaleza, humor, ternura y esperanza.

Lector, si te apetece adentrarte en una historia profundamente humana y original, abre las páginas de este libro impecablemente escrito. Acércate a conocer los bucles temporales de Henry y los tiernísimos compases de espera de Clare.

lunes, 24 de octubre de 2011

Napoleón en Egipto de Paul Strathern

En 1798 Napoleón Bonaparte consiguió desembarcar en Egipto con 40.000 soldados y una comitiva de más de cien científicos, matemáticos, artistas y escritores del insigne Instituto de Francia. El general tenía 28 años y ya era un héroe reconocido por el pueblo tras la reconquista de los territorios italianos y la derrota del Papado y el ejército austríaco. En París, el momento político era delicado puesto que el corrupto Directorio veía con ojos recelosos la ambición de Bonaparte y su popularidad y Europa se había quedado pequeña para los sueños del ingenioso corso. Egipto se abría como un desafío, una aventura, una puerta misteriosa tras los pasos de Alejandro Magno y la idea de fundar un imperio oriental.

La expedición fue preparada en total secreto para sortear el ataque de los ingleses, y los barcos de la recién estrenada república francesa tuvieron que partir de seis puertos distintos a la vez para despistar a los espías del enemigo. Bonaparte planeó su invasión de Egipto "con una mezcla única de planificación meticulosa y fantasía desbordada". Con él viajaban una biblioteca de más de 500 volúmenes con todo el saber occidental (incluida la Enciclopedia y mapas extraordinarios); sabios como los matemáticos Gaspard Monge y Joseph Fourier, el químico Berthollet y el inventor Nicolás Conté, entre muchos otros; un globo aerostático (inventado en 1783); y personajes tan anecdóticos para la Historia posterior como el enorme y forzudo jefe de caballería del general, Alexandre Dumas (futuro padre del novelista), o el soldado que encontraría la piedra de Rosetta.

Aunque Napoleón en Egipto es un ensayo sobre la campaña napoleónica en las tierras del Nilo, la atractiva prosa de Paul Strathern consigue que el lector olvide con facilidad que no tiene una apasionante novela de aventuras históricas entre sus manos. Con un ritmo sostenido, unos antecedentes bien planteados y una narración colorista, amena, enérgica, Strathern consigue atrapar la atención capítulo a capítulo y entretener, casi sorprender, a todo aquel que se asome con interés y curiosidad a la época egipcia del general Bonaparte. Si bien es cierto que la figura de Napoleón ha hecho correr océanos de tinta, este magnífico ensayo es un documento casi imprescindible para abordar la figura histórica y su campaña egipcia por su frescura (quizás debido a sus siempre originales fuentes) y su rigurosidad histórica. Con un encanto innegable para todos los públicos, Paul Strathern demuestra que el ensayo no tiene por qué ser aburrido o quedar siempre circunscrito a expertos en la materia. De hecho, este estupendo libro fue de las principales fuentes que Simon Scarrow consultó para su extraordinaria trilogía sobre Wellington y Napoleón (Sangre joven, Los Generales y A sangre y espada), en concreto para el segundo libro de la saga.

Lector, si te interesa la figura de Bonaparte y su ascensión al poder en la época más revolucionaria de Francia, aquí tienes un excelente libro sobre sus aventuras egipcias que no te dejará indiferente.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Spin de Robert Charles Wilson

La noche en la que las estrellas y la luna desaparecieron del cielo y todos los satélites hechos por el hombre cayeron a la Tierra, Tyler y los hermanos Lawton, Diane y Jason, comprendieron que algo grandioso y terrible había transformado sus vidas para siempre. Ese fue el inicio del Spin, un manto protector sobre el planeta que preservaba la vida y ralentizaba el tiempo mientras el universo seguía su ritmo inclemente y el Sol se encaminaba a su destrucción. Las generaciones que llegaron a la edad adulta durante el Spin están desorientadas, ¿es el fin del mundo? ¿quién ha sido el artífice de tal atrocidad? Diane se ha refugiado en la religión, Jason en la investigación tecnológica más avanzada y Tyler ha seguido siempre cerca de sus amigos, cuidando de ellos, protegiéndolos. La Tierra se muere, la cuenta atrás ya ha comenzado, pero sólo Jason sabe que puede salvar la especie humana y comprender el Spin, tan sólo necesita un tiempo... que quizás ya no tenga.

El punto de partida de Spin es una idea brillante que atrapa al lector por su originalidad e impacto: el tiempo en la Tierra transcurre mucho más lento que en el resto del universo (un segundo terrestre son 3,17 años fuera del Spin) para dar a los humanos la oportunidad de sobrevivir al colapso del Sol. Robert Charles Wilson, que sabe mimar al lector sin abrumarle con demasiados términos fantástico-científicos, consigue sacar un buen partido de esta premisa y construye todo un entramado de posibilidades tan amenas como interesantes: la colonización de Marte, alternativas a las comunicaciones por satélite, un cielo nocturno vacío, la creación de biotecnología, etc. Sin embargo, pese a tratarse de una obra de ciencia ficción, Wilson sabe dar protagonismo al drama humano de la historia, construyendo magníficamente a sus protagonistas y dándoles prioridad por encima de la narración fantástica. Es decir, Spin es también la historia de tres amigos desde su adolescencia hasta la cuarentena, tres personas únicas que sólo llegan a ser extraordinarias porque están unidas por esa amistad. Con una escritura impecable, una estructura narrativa sólida de ritmo inmejorable (la alternancia de capítulos entre pasado y presente es muy acertada) y unos personajes no siempre supeditados a la acción, Spin deleita lector durante sus quinientas páginas y demuestra que la buena literatura también puede ser de ciencia ficción. Robert Charles Wilson ganó el Premio Hugo 2006 a la mejor novela con esta interesante obra, que tiene su continuación en Axis.

Lector, sumérgete en las posibilidades de un planeta Tierra protegido del tiempo cósmico y déjate sorprender por una sólida e interesante novela más allá de la ciencia ficción.