jueves, 30 de agosto de 2012

Una pasión vintage de Isabel Wolff

Hace tiempo que Phoebe Swift se aburre en Sotheby's y cuando su mejor amiga, Emma, muere inesperadamente se siente del todo incapaz de volver a su trabajo. Para mantenerse ocupada, decide darle una oportunidad a su gran pasión por la ropa vintage y abre una pequeña tienda de ropa fiel a ese peculiar estilo. Phoebe cree que la ropa vintage guarda la historia de las personas que la llevaron y que conserva el tejido de esas vidas, por eso le resulta mucho más interesante y especial que la ropa nueva. Con mucha dedicación y todos sus ahorros, Phoebe consigue poner en marcha Village Vintage, su propia tienda de moda vintage con vistas al Heath. Y funciona estupendamente. Dan, un simpático periodista, la entrevista para promocionar el negocio, la genial Annie se convierte en su ayudante a tiempo parcial, su modista le deja como nuevos los tesoros vintage que consigue adquirir, los clientes se suceden sin parar, cada uno con su especial historia... Sin embargo, su madre está algo obsesionada con su edad y su padre sigue algo perdido en una relación extraña. Y aunque su nuevo negocio la llena de vida, nada puede hacerle olvidar la terrible muerte de Emma y su angustioso sentimiento de culpa. Una tarde va a visitar a la señora Bell, una anciana octogenaria que quiere vender su hermosa colección de vestidos de noche vintage, y Phoebe tropieza con la extraordinaria historia de un abriguito azul a la espera de una niña judía de 1943.


El título de esta novela, Una pasión vintage, hace referencia a la fascinación que siente la protagonista por toda la ropa vintage de segunda mano, todas esas historias de las personas que la lucieron, el tejido de la vida que llevaron. No se trata de una afición superficial por la moda sino un profundo interés por la Historia, por la vivencia de las personas en aquellos años, por las emociones que les reportó vestir aquellas prendas, dónde estuvieron con ellas, qué hicieron. Resulta quizás un título un poco equívoco que puede disuadir al lector de asomarse a estas páginas al hacerle suponer, erróneamente, que se trata de una novela romántica o de alguna especie insulsa de chick-lit. Una pasión vintage es una buena historia sobre la culpa y el remordimiento, pero también sobre la esperanza y la importancia de comprender la Historia y el pasado y saber perdonarnos a nosotros mismos por nuestros errores. Isabel Wolff escribe con maestría y hace gala de sólidos conocimientos de moda vintage y de Historia europea del siglo pasado, y aunque sus diálogos a veces no son demasiado fluidos, su prosa es estupenda y muy amena. Wolff es una buena contadora de historias y sabe seducir al lector de principio a fin manteniendo cierto suspense y acertando a la hora de crear personajes carismáticos y llenos de matices. Destacan, entre otros hilos argumentales, la venta de los cuatro "vestidos pastelito"(por su ternura y simpatía), la intensa emoción de la historia de la señora Bell y su abrigo azul, y la visita de Phoebe a la Provenza en busca de ropa. Una pasión vintage es toda una agradable sorpresa que se lee en un suspiro y deja una agradable sensación de esperanza.

Lector, no importa que no entiendas de moda porque la verdadera esencia de esta historia es la vida y el pasado de sus protagonistas, no lo que llevan puesto ¿Te atreves a llevarte el último de los "vestidos pastelito"?

También te gustará: Cartas cruzadas; La librería de las nuevas oportunidades; El jardín de los hechizos

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domingo, 26 de agosto de 2012

Jesús me quiere de David Safier

Marie es una treintañera que vive y trabaja en Malente, su pueblo natal, y que no está nada feliz con su vida pese a estar a punto de casarse con un hombre al que no le importa hacerle masajes en los pies. Su madre la abandonó de pequeña porque no estaba enamorada de su padre y ella todavía no ha sido capaz de perdonarla. La relación con su padre también se deteriora cuando éste le confiesa que tiene una novia bielorrusa a la que ha conocido a través de una agencia de contactos y que se va a traer a Malente. El cura de la parroquia, Gabriel, pone reparos en casarla porque sospecha, acertadamente, que Marie no tiene fe sino que sólo ha elegido la iglesia para unirse en matrimonio por motivos estéticos. Cuando el mundo de Marie se colapsa, sólo encuentra consuelo en su hermana mayor, Kata, una estupenda dibujante que desde hace años publica con éxito una tira cómica sobre ellas dos titulada "sisters", y que con mucha ternura la acusa de no crecer nunca. Mientras Marie vive sus peores momentos, Satán, en la forma de George Clooney se cita con Dios en un parque: el Apocalipsis está a punto de llegar y ambos tienen que mover sus fichas. Clooney se apresura a buscar a sus jinetes del apocalipsis, mientras que Dios ya ha enviado a su hijo Jesús de nuevo a la tierra para que inicie la batalla contra el Mal. Aunque está escrito que el Apocalipsis empezará en Jerusalem, Jesús le pide permiso a su Padre para pasar unos días en Malente, en casa del ex-arcángel Gabriel, ahora convertido en párroco por amor a la madre de Marie, para conocer cómo viven los hombres del siglo XXI. Cuando Marie, refugiada en casa de su padre tras un duro revés sentimental, ve aparecer al nuevo carpintero que viene a arreglar el techo de su habitación se siente aún más perdida. Y es que el nuevo carpintero, Joshua, es el Mesías y Marie se ha enamorado de él.


Jesús me quiere es una entretenida historia sobre una treintañera inmadura que se enamora de Jesús y consigue crecer, todo en un tono simpático y humorístico que resulta atractivo para el lector. Los puntos fuertes de la novela son las tribulaciones de George Clooney, la eterna lucha entre el Bien y el Mal, y la relación tiernísima de las dos hermanas, Marie y Kata, junto con las tiras cómicas de esta última sobre ellas. Pero si el lector espera encontrar un libro desternillante, donde el humor y las risas primen por encima de todo, este no es su libro. Jesús me quiere es entretenida, original y agradablemente poco predecible, pero su simpatía no se convierte en ningún caso en carcajada y queda muy lejos de novelas tan inteligentemente divertidas como Un trabajo muy sucio de Christopher Moore, por citar un autor contemporáneo de similar género narrativo. David Safier destaca por su prosa enérgica y flexible, y sus metáforas, situaciones y personajes bien referenciados y de rabiosa actualidad. Pero no se trata en ningún caso de un autor trasgresor ni poco respetuoso con la religión o las relaciones sociales. Dios, Satán, Jesús, el arcángel Gabriel, e incluso los jinetes del Apocalipsis, son tratados con cariño y respeto, pese a la libre, inocente y divertida versión del fin del mundo que organiza Safier. Y es precisamente esa visión ingenua del mundo la que Safier traslada a su protagonista narradora, Marie, por la que el lector no puede evitar sentir una inmediata simpatía pese a sus, a veces desquiciantes, dudas emocionales. Un libro original y amable del que no hay que perderse las tiernísimas tiras cómicas de Kata y la especialmente cálida relación de las dos hermanas. Un buen ejemplo de cómo un escritor puede crear buenos personajes femeninos y dotarlos de una ternura mesurada y en absoluto prototípica, cursi o empalagosa.

Lector, si el fin del mundo es el martes de la semana que viene, ¿qué te parece tomar un té con Dios en una de las mansiones campestres de las novelas de Jane Austen y preguntarle un par de cosas sobre el mundo?

También te gustará: Un trabajo muy sucio; Vacaciones con papá; La sanguijuela de mi niña

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miércoles, 22 de agosto de 2012

Mistik Lake de Martha Brooks

En Mistik Lake, un pueblecito de veraneo en los lagos de Manitoba, Canadá, la mayoría de sus habitantes tienen ascendencia islandesa. Todos se conocen, saben quiénes son sus familias y las historias de sus vidas, y cuando acaban las vacaciones estivales, los escasos habitantes del pueblo vuelven a quedarse solos. Una gélida noche de 1981, un grupo de adolescentes se paseaba en coche sobre el helado lago Mistik. Pero el hielo se quebró y el automóvil se hundió bajo las frías aguas. De los cuatro ocupantes del coche, sólo Sally Thorsteinsson consiguió salir con vida del trágico accidente. Ese invierno había cumplido dieciséis años y nunca volvió a ser la misma. Dieciocho años después, Sally y sus tres hijas, Odella, Janelle y Sarah, vuelven a Mistik Lake para pasar los veranos escolares. La tía Gloria tiene una pequeña casa de madera a orillas del lago y siempre está disponible para ellas. Pero Odella, a punto de cumplir los dieciséis, ya sabe que su madre tiene problemas graves con el alcohol y la tristeza. No le queda más remedio que crecer deprisa y hacerse cargo de sus hermanas pequeñas, acompañar a su padre y comprender que la tía Gloria, además de ser capaz de hacerla reír pese al desastre inminente en el que se está convirtiendo su vida, guarda la clave del misterio de Mistik Lake y la tragedia de Sally.


Martha Brooks empezó a escribir Mistik Lake como un pequeño homenaje a sus abuelos maternos, que llegaron al Canadá en la ola de inmigración de 1875 desde Islandia a la zona de los lagos de Manitoba.  Por este motivo, en la novela los protagonistas demuestran siempre un enorme interés en situar a cada generación, en conocer los lazos de parentesco que unen a casi todos los habitantes de Mistik Lake. Y este argumento literario funciona muy bien en dos sentidos: contribuye a crear una serie de personajes entrañables, unidos por un cariño ancestral a sus vecinos, y a la vez refuerza la atmósfera de opresiva vigilancia (todos conocen a todos, tatarabuelos incluidos) que Sally padece en el pueblo. También merece especial atención el discreto protagonismo silencioso pero omnipresente de la naturaleza: el imponente paisaje helado, el silencio de la nieve, las montañas azules, el lago cambiante y el cielo infinito de Manitoba. Por desgracia, en su conjunto, Mistik Lake resulta una historia demasiado sencilla y con poco interés, en la que los secretos no contribuyen a ser un acicate para el lector porque se adivinan fácilmente hacia la mitad de la novela y porque no tienen ni la mitad de la importancia que la autora pretende que tengan. Sin embargo, pese a su pobreza argumental y su poco interés, es una historia que se lee con cierto placer por lo estupendamente bien que está escrita (sus diálogos son extraordinarios) y por el encanto innegable de Odella, su protagonista. Brooks consigue recrear un universo femenino cálido y especial alrededor de Odella, preñado de una ternura maravillosa (sobretodo en las escenas junto a sus dos hermanas pequeñas) y una inteligente y sensible transición a la edad adulta del personaje. La evolución de Odella, su conmovedor cambio de punto de vista, la suavidad con la que muda su piel infantil sin perder su autenticidad y la madurez progresiva de su mirada, consiguen encantar al lector hasta el punto de distraerlo de la simplicidad de la historia. Si para conseguir una buena novela hace falta un buen escritor que tenga algo interesante que contar, a Martha Brooks solo le ha fallado la historia. Esperemos que la próxima vez tenga más suerte porque su excelente prosa bien se merece otra oportunidad.

Lector, aquí tienes una historia algo decepcionante que quizás te compense por el disfrute de sus hermosos paisajes helados en contraste con la dulce calidez de su protagonista.


Desafío sagas familiares 6/10

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viernes, 17 de agosto de 2012

Los Buddenbrook de Thomas Mann

A principios del siglo XIX, en una suntuosa mansión de una ciudad del norte de Alemania, Johann Buddenbrook contempla orgulloso a su hijo y nietos. Único vástago del fundador de una prestigiosa empresa de importación y exportación de cereales, sabe que ha triunfado como comerciante y que sus herederos todavía harán más grande su imperio económico. La estrella de los Buddenbrook ha comenzado su imparable ascenso económico y social, y las todavía recientes ideas de Bonaparte sobre ganarse una posición social según los méritos propios y no por derecho de nacimiento, hacen soñar al cónsul Buddenbrook con un hijo o un nieto senador ¿Por qué no? La burguesía, que ya detenta el poder económico, debería acceder también al poder político y a la cumbre social en la que la aristocracia tiene los días contados. Durante casi todo el siglo XIX, cuatro generaciones de primogénitos Buddenbrook heredarán el negocio familiar y la responsabilidad de otorgar riqueza y prestigio a su apellido bajo su célebre máxima: "Hijo mío, atiende con placer tus negocios durante el día, pero emprende sólo los que te permitan dormir tranquilo durante la noche".


Se considera que a Thomas Mann se le otorgó el Premio Nobel de Literatura en gran medida gracias a esta novela, Los Buddenbrook, una extensa saga familiar de burgueses en el norte de la Alemania del siglo XIX. Desde sus primeras páginas, Mann sitúa al lector en un clima de bonanza económica y social para los protagonistas pero, sobretodo, en un escenario todavía muy marcado por las ideas napoleónicas sobre la decadencia de la aristocracia y el acceso a la nobleza por méritos propios. En este contexto, las primeras generaciones de Buddenbrook se sienten hombres superiores por su valía al frente de los negocios y eso se ve reflejado en su forma de vida y su ascenso social y político. A lo largo de esta espléndida novela, Man reflexiona sobre diversos temas morales de la época y el lugar utilizando como excusa el comportamiento y carácter de sus extraordinariamente bien creados personajes: la religiosidad en todos los ámbitos de la vida burguesa (sólo se contemplaba el divorcio por la ruina económica del marido; los comportamientos reprobables de los sacerdotes aprovechados que visitan la mansión Buddenbrook, siempre en busca de dinero o comida; las peticiones de dinero de Gothold "en nombre de Dios"; etc.). Destacan por su importancia y reivindicación del autor, el trato que se le daba a las mujeres de la época (frecuentemente mercancías matrimoniales que aportaban buenas dotes o buenos contactos sociales y económicos) y la extraordinaria escena de la frustrada revolución social de 1850, ridiculizada por las clases dirigentes y aún así tristemente impotente a los ojos de Thomas Mann. Y es que Los Buddenbrook, además de una gran novela, es la detallada y profunda mirada crítica de un autor que desmenuza con precisión quirurgica su entorno, su época y su sociedad.

Los Buddenbrook es, sin duda, una de las novelas más amenas e interesantes de su autor, no sólo por el análisis y la reflexión profunda de la sociedad en la que le tocó vivir (y escribir) sino también por la estupenda trama de personajes protagonistas y secundarios que dan vida a sus páginas. Se nota la maestría del autor al describir con tanta nitidez rasgos, maneras de vestir, carácter y pensamientos propios de cada personaje pero, principalmente, en el especial mimo que dedica a cada uno de ellos a la hora de dotarlos de ademanes propios, de gestos peculiares, de manías, tics, obsesiones. Y es que pese a ser una obra de ficción, sus protagonistas son tan profundamente humanos que bien podrían haber sido de carne y hueso. En este sentido, destacan especialmente Thomas Buddenbrook y su hermana Antonie, dos protagonistas que resultarán cercanos al lector actual pese al abismo de años que los separa, y a través de los cuales comprenderá los miedos y esperanzas de los hombres y mujeres de la burguesía de la época. Las escenas familiares de Mann son tan brillantes que el lector tendrá la sensación de haber entrado en un lujoso salón burgués de una mansión de la época y haber sorprendido a los Buddenbrook en plena charla. En pocas palabras, Los Buddenbrook es uno de los grandes clásicos de la literatura de todos los tiempos, una obra extraordinaria por su crítica implícita (social, económica, religiosa, de género, relaciones paterno-filiales) y las observaciones sobre la sociedad burguesa de principios y mediados del siglo XIX en Centroeuropa.

Lector, aquí tienes una estupenda saga familiar escrita con la maestría de Thomas Mann. Deja que sus protagonistas te cuenten cómo era la vida de las familias burguesas del momento, por dentro y por fuera.


Desafío sagas familiares 5/10

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domingo, 12 de agosto de 2012

El año del diluvio de Margaret Atwood

En un futuro cercano, la humanidad está al borde de la extinción debido a un misterioso virus mortal altamente contagioso. Apenas quedan vivas algunas personas que, por diversas circunstancias, estaban aisladas en el momento de propagación de la misteriosa enfermedad. Ren y Tobby son dos mujeres supervivientes, ambas integrantes de un movimiento espiritual, pacifista, vegetariano y anti-tecnológico llamado Los Jardineros. Aisladas cada una en un lugar distinto, sin saber si hay más supervivientes, cada una de ellas recuerda cómo conoció a Adán Uno, el líder de Los Jardineros, y cómo cambiaron sus vidas bajo su protección. Por aquel entonces el mundo estaba dividido entre los ricos de las corporaciones, que vivían en complejos de lujo aislados del resto, y los suburbios de las plebillas, siempre controlados por las mafias y la policía de las corporaciones. Los omnipotentes laboratorios utilizaban humanos como cobayas experimentales y los hacían enfermar para poder cobrarles el tratamiento. El planeta agonizaba por la contaminación y la explotación sin escrúpulos, miles de especies protegidas habían desaparecido, las religiones peleaban entre si por sus supuestos teológicos, el aire apenas era apto para respirar... Tobby nunca tuvo verdadera fe en Los Jardineros pero siempre les agradeció la oferta de paz y un lugar seguro para vivir, así como la posibilidad de poder cuidar de otros. Ren, siempre inocente y algo alocada, los consideraba su familia y siempre los llevó consigo, incluso cuando se independizó y tuvo que ganarse la vida en el Scales, un centro de recreo sexual de imponente reputación ¿Volverán a reunirse Los Jardineros? ¿Se ha cumplido por fin la profecía de Adán Uno sobre el Diluvio Seco, al que sólo sobrevivirían los miembros de Los Jardineros? ¿Se han salvado por su fe o por sus hábitos de vida? ¿Merece la pena sobrevivir al Diluvio, seguir vivo después del fin de los tiempos?


Margaret Atwood sorprende con esta extraordinaria historia sobre una catástrofe global en la que la mayoría de supervivientes han formado parte de Los Jardineros, una secta curiosa y divertida que la autora imagina con mucha gracia e ingenio. Siempre con cierta sorna y mucho sentido del humor, Atwood recrea un mundo pre-apocalíptico tan plausible que el lector se pregunta si no forma parte de un futuro muy próximo. El año del diluvio es una obra de ficción pero también una dura sátira contra el poder desmedido de la industria farmacéutica y tecnológica, la sociedad consumista depredadora, la falta de escrúpulos a la hora de respetar el medio ambiente, animales y plantas, y el rídiculo discurso teológico de las religiones inventadas por los hombres. Narrada desde el punto de vista de dos mujeres, Ren y Tobby, y salpicada por las ingeniosas predicas de Adán Uno (geniales disertaciones que el lector encontrará divertidas por su imaginativo extremismo y excéntrica interpretación de la Biblia y el mundo) El año del diluvio es la historia de unos supervivientes desorientados que van a convertirse en héroes muy a su pesar.

La prosa de Margaret Atwood seduce por su propia riqueza y por la versatilidad de adaptar el registro al narrar desde el punto de vista de cada una de sus protagonistas. Divertida, irónica, inteligente y crítica, la visión de Atwood sobre una humanidad que se autodestruye en aras del progreso científico y tecnológico es acerada y genial, a veces esperpéntica. Cariñosa en sus burlas sobre los radicalismos vegetarianos pero implacable contra los zombies de la tecnología a cualquier precio, la autora dibuja una realidad muy posible y desalentadora pero siempre marcada por la esperanza de la bondad de sus protagonistas femeninas. Dotada de la ternura que le aporta el personaje de Ren y del realismo práctico de la escéptica Tobby, El año del diluvio es una novela que invita a reflexionar y a ser más crítico con los abusos de los poderes económicos y políticos de nuestro presente.

Lector, deja que Atwood te divierta con su mirada de inteligente humor sobre un mundo agonizante y una secta de Adanes y Evas algo desorientados pero de buena voluntad.


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jueves, 2 de agosto de 2012

La hija de Robert Poste de Stella Gibbons

Cuando la joven Flora Poste se queda huérfana de ambos progenitores, se va a vivir temporalmente a casa de su amiga, la señora Smiling. Pese a la vida de viajes y opulencias que llevaban los Poste, los albaceas de Flora le comunican que su padre era, en realidad, bastante pobre y que a ella no le corresponde más que unas 100 libras anuales y ninguna propiedad. La señora Smiling anima a Flora a que se quede en su casa mientras estudia alguna cosa de utilidad que le permita trabajar y hacerse independiente pero los planes de la joven huérfana no coinciden con los deseos de su buena amiga. Flora quiere vivir en paz, tranquila, sin trabajar, a expensas de algún familiar. Como es rica en familiares, decide escribirles a todos una carta solicitando su asilo. Todos responden favorablemente y Flora, satisfecha, se decide por la oferta de su prima Judith, que vive en Cold Comfort Farm, en Sussex. Misteriosamente,  Judith menciona en su carta que tiene una deuda con Flora por lo que se le hizo a su padre y que la acogerán para resarcir ese antiguo agravio. Pero cuando la joven llega a la granja y conoce a sus asilvestrados y brutales parientes, comprende que sus planes de vivir placenteramente en paz van a tener que esperar. La hija de Robert Poste, lejos de desalentarse, se pone manos a la obra para cambiar Cold Comfort y a sus habitantes hasta conseguir el refugio ideal con el que siempre ha soñado.


Cuando Flora Poste llega a Cold Comfort Farm (literalmente, la granja del flaco consuelo) se encuentra una tía deprimida, un tío predicador que amenaza constantemente con el fuego del infierno a todos los pecadores (es decir, a ellos), un primo ambicioso que cuenta las plumas de los pollos, otro fatalmente seductor de mozas, un empleado centenario que habla con las vacas, una prima que se cree medio duendecillo, una moza que se queda embarazada siempre que florece la verdeparra y un montón de jornaleros, más o menos emparentados, que tienen más de animal que de persona. Pero por si este circo no fuese poco, Flora todavía tendrá que lidiar con el poder en las sombras: la misteriosa abuela Ada, que vive encerrada en su habitación y no permite que nadie se aleje porque, cuando era niña, "vio algo muy sucio en la leñera" que la volvió loca.

No existe ningún lector que pueda resistirse a una novela tan genial como La hija de Robert Poste. La divertidísima imaginación de Stella Gibbons recrea toda una aventura rural en la que destaca la brillantez de su estupenda prosa y el encanto imposible de su protagonista. En la línea del humor más puramente británico, al estilo de Wodehouse, Evelyn Waugh, Edmun Crispin o Nancy Mitford, Gibbons se mofa sin piedad de la novela romántica victoriana, los intelectuales pretenciosos y de las literarias descripciones insoportables de los decimonónicos. Divertida, ágil y rompedora, La hija de Robert Poste fue todo un éxito cuando se publicó por vez primera en 1932, pese a que tuvo que lidiar con los remilgos irlandeses por sus argumentos de contracepción, y hoy en día está considerada como una de las mejores novelas de la narrativa británica. El lector disfrutará tanto de la historia como del admirable dominio del lenguaje que demuestra Gibbons, su versatilidad, su encanto y su sanísima burla contra los ostentosos escritores que abusan de retorcidas metáforas y rebuscadas descripciones. Destacan, además del la divertidísima Flora y sus ganas de ordenar la vida de la granja, los personajes secundarios más estrafalarios de Sussex (como la señora Beetle y su banda de jazz) y las escenas de máxima tensión como la huida al baile, la liberación del toro Gran Negocio, o la fuga de Seth camino de Hollywood. Sin duda, una novela extraordinaria que resulta imprescindible para cualquier lector huérfano de consuelo en los tiempos que corren. 

Se merece una especial mención la cuidadosa e impecable edición que de esta novela ha hecho la Editorial Impedimenta, así como la estupenda labor de traducción (terriblemente difícil por los juegos de palabras, ironías y sarcasmos narrativos de la brillante autora) de José C. Vales.

Lector, acompaña a Flora Poste a Cold Comfort y atrévete a conocer a los salvajes y excéntricos Starkadder ¿Podrá Flora domesticarlos? Aquí tienes una novela verdaderamente divertida.


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