jueves, 31 de octubre de 2013

Las huellas de la vida de Tracy Chevalier

Principios del siglo XIX, Londres. Elizabeth es la mayor de las tres hermanas solteras Philpot. Cuando su único hermano se casa, parece evidente que las tres mujeres no son bienvenidas en la casa de su cuñada así que dejan su Londres natal para establecerse en Lyme, un pueblecito costero donde sus 150 libras anuales dan para vivir con cierta comodidad. Elizabeth pronto se siente feliz y realizada en Lyme, donde da rienda suelta a su mayor afición: la recolección de fósiles y su estudio. Y es justo allí, recogiendo ejemplares en la playa, cuando tropieza con Mary Anning, una muchacha de baja extracción social que vive de la venta de fósiles y parece tener un don especial para encontrar los ejemplares más extraordinarios. Ambas mujeres iniciaran una amistad marcada por su amor a la ciencia y al descubrimiento en una época en donde las féminas tenían prohibida la entrada a las sociedades científicas. Pero cuando Anning empiece a desenterrar los primeros dinosaurios y a poner patas arriba la concepción religiosa del mundo y sus criaturas, no sólo despertará la codicia y del mundo académico sino que se verá relegada y vilipendiada por su género y su clase social.

"-En ese caso, ¿cómo es que los esqueletos de los animales fueron a parar dentro de las rocas y se convirtieron en fósiles? Si Dios ya había creado las rocas antes que los animales, ¿cómo es que hay cuerpos en las rocas? (...)
-Dios colocó los fósiles en el momento de hacer las rocas para poner a prueba nuestra fe (...). Y es evidente que ahora mismo está poniendo a prueba la suya, señorita Philpot."


Portada de la editorial La Magrana, de la edición en catalán que he leído. En mi opinión, el título de la traducción al catalán, Criatures extraordinàries, es mucho más acertado que el de la edición en castellano. El título original en inglés es Remarkable Creatures, haciendo referencia tanto a las extraordinarias protagonistas como a las criaturas que ambas descubrieron en los acantilados de Lyme.

Mary Anning (Lyme Regis 1799-1847) fue la descubridora y restauradora de los primeros esqueletos de ictiosaurio, plesiosaurio y pterosaurio, así como descubridora de los belemnites y de la importancia de los coprolitos. Paleontóloga, coleccionista y comerciante de fósiles, pese a su extraordinaria labor y decisivas aportaciones en las teorías de la época sobre la evolución de las especies, su extinción y la concepción del mundo, nunca fue reconocida por la comunidad científica de su época por su género y su extracción social y religiosa. Elizabeth Philpot (Londres 1780-1857) fue paleontóloga y cazadora de fósiles. Su amplia y novedosa colección de peces fósiles y belemnites fue decisiva para los estudios y descubrimientos de científicos de la talla de Louis Agassiz o William Buckland. Aunque actualmente su colección de fósiles está en el Museo de la Universidad de Oxford, Elizabeth nunca fue admitida en la Sociedad Geológica de Gran Bretaña.

Como ya hizo en La joven de la perla, Tracy Chevalier entrelaza hábilmente realidad histórica con ficción para novelar los increíbles descubrimientos de Mary Anning y Elizabeth Philpot en un siglo en el que la religión y las convenciones sociales chocaban irremediablemente con los hallazgos de los primeros dinosaurios fósiles. Con una prosa evocadora, delicada, exquisita, y una estupenda narración a dos voces muy bien diferenciadas (las dos protagonistas se alternan en primera persona), Chevalier recrea una historia especial y única que engancha al lector desde esa primera frase de Anning: "Los rayos me han tocado toda la vida. Pero sólo una vez fue de verdad."


Dibujo de plesiosaurio encontrado por Mary Anning en 1823

Las huellas de la vida es una novela que se disfruta por los apasionantes hechos que marcaron las vidas de sus dos excepcionales protagonistas pero también por el desfile, a lo largo de sus páginas, de algunos de los más insignes científicos e investigadores de la época: Cuvier, Buckland, Agassiz, Lyell, Conybeare ... que la autora sabe describir con maestría e integrar de manera creíble en la condensada acción descubridora de las paleontólogas.  La brutal discriminación y marginación de Anning por su género y su clase, la relación entre las dos cazadoras de fósiles, o el interesante debate que se establece con los hombres de iglesia cuando se especula sobre la extinción y la evolución de las especies, son algunas de las mejores bazas de una novela que bien merece la pena leerse. Imprescindible para los amantes de la paleontología y de las buenas recreaciones históricas.

Lector, una hermosa novela que reivindica con justicia y buen hacer las figuras de dos mujeres que abrieron y despejaron el camino de Charles Darwin, y que ni siquiera tuvieron una mención en la Historia hasta mucho después de su muerte.


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lunes, 28 de octubre de 2013

El 19 de marzo y el 2 de mayo de Benito Pérez Galdós

En marzo de 1808, Gabriel tiene 17 años y trabaja como cajista en el diario de Madrid. Los domingos se escapa a Aranjuez para visitar a Inés, que vive con su tío don Celestino en su nueva parroquia. Pero su agradable rutina de galanteos se ve inoportunamente interrumpida cuando los hermanos Requejo, esta y este, aparecen en casa de don Celestino y deciden llevarse a Inés con ellos a Madrid para que viva como una reina. Los jóvenes no se hacen ilusiones, la catadura roñosa y ladina de los Requejo es evidente, pero el buen Celestino cede pensando que es para bien el que su sobrina vaya a la ciudad a vivir con todas las comodidades. Gabriel no está dispuesto a separarse de su adorada Inés, así que la seguirá de cerca pero las calles de la ciudad no están en calma y las circunstancias del momento los arrastrarán a ambos inevitablemente. Las tropas francesas ya han llegado a Madrid, el malestar contra los reyes y Godoy se consolida, algunos se engañan con las intenciones de Carlos IV y otros tienen puestas las esperanzas en el hijo, el futuro Fernando VII. Pero ni unos ni otros darán la cara por el país ni por sus ciudadanos, y un pueblo solo, abandonado a su suerte, tomará una de las decisiones más dramáticas de su Historia. Y es que Gabriel vivirá en primera persona el Motín de Aranjuez del 19 de marzo y el posterior levantamiento popular, y sus terribles repercusiones, del 1 y el 2 de mayo.


Tercer Episodio Nacional y quizás uno de los más emotivos, con final de infarto incluido. Pero si en Trafalgar Benito Pérez Galdós narraba con pulso firme y sin mojigatería la heroicidad singular de personajes como Churruca, Gravina o Nelson, esta vez esa heroicidad recae sobre el pueblo llano. Y es precisamente esa circunstancia la que marca la pauta dramática de toda la novela y se desvela como un nuevo mérito literario del maestro: la habilidad con la que traslada el protagonismo de una masa enfurecida a un pueblo apasionadamente patriota que defiende la tierra que pisa. Galdós vuelve a sorprender al lector con una estupenda narración de los hechos históricos y una estupenda crónica de acontecimientos tan tumultuosos, caóticos y dramáticos, que resultarían complicados de plasmar si no fuese por una mano tan competente como la suya.

Y es que si el autor condena a la masa enfurecida que asalta el palacio de Godoy, pese a las pocas simpatías que le tiene al personaje ("Era aquella la primera vez que veía al pueblo haciendo justicia por si mismo, y desde entonces le aborrezco como juez"), lo cierto es que después la redime cuando se enfrenta, apenas armada, al ejército más legendario del mundo en aquellos momentos, a los héroes de las pirámides y de Jena. Un pueblo mal gobernado capaz de hacer lo mejor y lo peor cuando actúa como un todo. 

Además de la pericia de Galdós para narrar con emoción y ritmo acontecimientos tumultuosos y batallas épicas (pocos autores son capaces de dar semejante tensión y vivacidad a esas escenas) en este Episodio Nacional vuelve a destacar su buen sentido del humor; un contrapunto a la tensión dramática de los acontecimientos que el lector agradece por el ingenio y la sonrisa. La visita a Godoy de don Celestino y Gabriel, para leerle un poema en latín el primero y en busca de una colocación el segundo, es divertidísima. O las continuas puyas del autor a los Requejo y los retratos que de ellos hace, así como del habla del pueblo bajo haciendo su propia regulición (insuperables los zamacucos y los tragones de la señora Ambrosia) son notas de humor que se contraponen a la tristeza general de una monarquía inútil y mezquina, un pueblo que siempre sufre las peores consecuencias o la decadencia y la pérdida del ideal de aquella Revolución Francesa de la liberté, égalité, fraternité que un día tuvieron por noble bandera las tropas bonapartistas que lucharon contra el absolutismo europeo (qué tristeza y qué horror acabar fusilando a ciudadanos inocentes y desarmados, qué desgracia acabar siendo tan tirano como aquellos a los que has combatido en el pasado en el nombre de la libertad y la justicia). 

Lector, "sabido es que la fortuna suele ser la más traidora de las diosas con aquellos mismos que favoreció demasiado, y no hay que fiarse mucho de esta ruin cortesana." ¿Todavía no te has decidido a leer a Galdós? 

También te gustará: Trafalgar; La corte de Carlos IV

miércoles, 23 de octubre de 2013

La princesa Tarakanova de G.P. Danilevsky

En mayo de 1775, a bordo de la fragata Águila del Norte, en pleno océano Atlántico y a punto de naufragar, el teniente Pablo Konzov, oficial de la marina de su alteza la emperatriz Catalina II, escribe febrilmente sobre su vida para que quede constancia de los importantes hechos históricos de los que fue testigo en primera persona. El joven Konzov, terriblemente despechado por un amor truncado, se enrola en el ejército de Catalina II en busca de la muerte, pero el destino tiene otros planes muy distintos para él. Después de salvarse milagrosamente de una prisión turca, Konzov conoce a una misteriosa princesa que dice ser hija legítima de la emperatriz Isabel y, por tanto, heredera al trono de Rusia por derecho propio. Y aunque el joven teniente en seguida cae presa de las dudas sobre la veracidad de su historia, no puede mostrarse indiferente ante la, así llamada, princesa Tarakanova, quién le pide ayuda para llegar hasta el mismísimo conde Orlov, el héroe de Tchemen y preferido de la zarina Catalina, para plantearle la legitimidad de su caso. En un momento histórico y político en el que los intereses de algunas naciones europeas y asiáticas pasan por la desestabilización del régimen zarista, y el pueblo ruso sufre bajo el absolutismo de Catalina, ¿quién es la Tarakanova? ¿Realmente es la heredera legítima o sólo una maniobra de ataque contra Catalina II? ¿Podría traer la esperanza o tan sólo la guerra y la desolación? ¿Es posible que las dudas se apoderen incluso de la mismísima zarina?


Pese a que Grigori Petrovich Danilevsky (1829-1890) se licenció en derecho y pasó la mayor parte de su vida entre los engranajes de la burocracia de su Rusia natal, siempre estuvo muy interesado en el estudio de la Historia de su inmenso país y, más concretamente, en los episodios más misteriosos y anecdóticos de la misma. Cuando en Rusia se puso de moda la literatura más realista y la novela histórica fue adquiriendo popularidad, Danilevsky decidió publicar en forma de novela alguna de sus investigaciones históricas más curiosas. Ese es el caso de La princesa Tarakanova, una figura histórica controvertida, siempre misteriosa entre las luces y las sombras de la sospecha y la veracidad.

Aunque La princesa Tarakanova es una novela de tintes históricos resulta evidente que todavía fue escrita en un momento en el que el romanticismo, aunque de capa caída, seguía todavía arraigado en la literatura rusa de la época. Ingredientes como un héroe despechado por amor en busca de la muerte, una hermosa princesa de orígenes inciertos necesitada de ayuda, amores apasionados y traiciones, tempestades y mensajes dentro de una botella, misterios, etc. son propios de la literatura inscrita en el movimiento romántico originado a finales del siglo XVIII en Europa y que tiñó buena parte de la primera mitad del siglo XIX en el continente. Sin embargo, esas pinceladas de romanticismo decadentista de la novela de Danilevsky nunca caen en un sentimentalismo exagerado sino que salpican con cierto encanto el testimonio del joven e impresionable teniente Konzov.

La princesa Tarakanova es una novela que se lee con curiosidad histórica pero también con el deleite que conlleva encontrarse con la sencilla y hermosa prosa de Danilevsky (sorprendentemente delicada para pertenecer a un burócrata de carrera). Una trama que mantiene el interés y el suspense, unos bien retratados y ubicados personajes históricos, una sólida documentación e investigación de soporte y la estupenda resolución de los hechos, son algunos de los atractivos de esta novela. Y aunque Danilevsky no entra a detallar los intereses políticos de algunos países por desestabilizar el régimen absolutista de Catalina II, o en las revueltas populares rusas de la época en tiempos tan duros para los campesinos, ni analiza en profundidad la legitimidad de los orígenes de la princesa Tarakanova, lo cierto es que sabe propiciar que el lector comprenda con facilidad el escenario de la época y se haga sus propias preguntas sobre los hechos y los personajes. Al fin y al cabo no se trata de un documento de investigación histórica (no tiene por qué esclarecer la legitimidad o no de la princesa) sino de una estupenda novela sobre un misterio histórico de la época de los zares.

Atención lectores a la edición dÉpoca editorial, acertadamente revisada y con un posfacio estupendo para asomarse a la época histórica que trata La princesa Tarakanova.

Lector, descubre el modesto encanto de leer al injustamente olvidado Danilevsky de la mano de la controvertida y misteriosa princesa Tarakanova.

Enhorabuena a dÉpoca editorial por recuperar con tanto mimo y delicadeza a los clásicos más especiales. Y muchas gracias por el envío del ejemplar y de los maravillosos marcapáginas.

También te gustará: Ana Bolena y la pastelera real; La gardenia blanca de Shanghái; El diamante de la reina

Esta reseña ha sido publicada originalmente en el blog Momentos de Silencio Compartido como colaboración en la iniciativa de Equipo de Redactores.

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La princesa Tarakanova

lunes, 21 de octubre de 2013

Reseña de Loquemeahorro de El 19 de marzo y el 2 de mayo de Benito Pérez Galdós

Tercer Episodio Nacional y tercer capítulo de las andanzas del mismo protagonista, cada vez más Gabriel y menos Gabrielillo, nuestro particular Forrest Gump decimonónico que sigue encontrándose siempre, sin comerlo ni beberlo, en el centro de la (agitadísima) vida española de principios del XIX.

El título del libro es claro: va a contar el motín de Aranjuez del 19 de marzo y el levantamiento popular del 2 de mayo de 1808. Y lo que promete lo cumple, y lo cumple como en anteriores Episodios Nacionales, sin pasar de las 200 páginas, algo que cuesta creer una vez acabas la novela e intentas resumir todo lo que ha ocurrido y todo lo que te ha ocurrido a ti leyéndola.

El resultado de concentrar tanto y hacerlo tan bien es un libro trepidante del que es difícil despegarse. Yo, por mi parte, aconsejo tener algún pañuelo de papel a mano.

En los primeros capítulos, tras una brevísima presentación para ubicarnos en la vida de los adolescentes Gabriel y su novia Inés, una costurera que (como el azul marino) es muy sufrida. Tras perder a su madre en el libro anterior, Inés vive ahora con su tío Don Celestino, un sacerdote que ejerce en una iglesia situada (convenientemente para la trama) en el epicentro del motín contra Godoy: Aranjuez.

Para situarnos un poco más, Don Celestino es un acérrimo seguidor de Godoy por ser (más o menos) paisano suyo y porque El Príncipe de la Paz, en su inmensa generosidad, solo ha tardado 14 años en concederle una parroquia. Gabriel acudirá con él al palacio de su benefactor en busca de “un destinillo (...) un destinillo de esos que se dan a cualquier pelón" aprovechando que el sacerdote quiere deleitar al prócer de la patria con un ameno poema de varios cientos de versos escritos todos, uno detrás de otro, en latín.


 Mi gata defendiendo su ejemplar a fuego

Por si no hubiera sido suficiente huir de la amenaza los versos latinos, pocas horas más tarde Godoy sufre el asalto en su propia casa; es el Motín de Aranjuez en el que Gabriel llega a participar a su pesar, al dejarse llevar por un conocido al que reencuentra pocas horas antes: un criado de un miembro de la familia real que le explica que su señor les ha enviado a Aranjuez a unirse a la revuelta, organizada por Fernando VII y los parientes y miembros de la nobleza que le apoyaban, algunos de los cuales fueron personalmente a dirigir el motín, convenientemente disfrazados de, digámoslo así, "tipos populares" para aparentar un levantamiento espontáneo del pueblo.

La descripción de tan penoso incidente se centra en la sinrazón de la masa que, envalentonada al no encontrar al favorito del rey, destruye todo lo que se encuentra en su casa sin plantearse con qué motivo exacto están destruyendo el mobiliario del hombre al que buscan: "comenzaron los nuevos huéspedes del palacio a arrojar por los balcones sillas, sofás, tapices (...) y otros mil perversos cómplices de la infame política de Godoy."
Finalizado el relato de dicho motín y la lamentable detención de Godoy, el autor tiene el buen criterio de ofrecernos a los lectores un cierto descanso de los sucesos históricos para centrarnos en la vida personal del protagonista, entre los dos momentos álgidos del relato.

En esta breve trama tememos por el futuro de Inés, ya que la pobre huerfanita ha caído en manos de unos parientes desaprensivos que la tienen prácticamente secuestrada. Si este argumento os parece sacado del peor folletín es porque, una vez más, el autor demuestra que es capaz de “colocar” el material literario más bajo tratándolo de tal manera que se convierte en literatura de calidad. Que vendría a ser como convertir en oro el simple plomo, o en caviar iraní el filete de panga.

Esto lo consigue, entre otras cosas, gracias a la descripción de unos personajes tan demenciales como los hermanos Requejo (este y esta, como se llaman entre sí) avaros en grado sumo, y de una figura fascinante que os invito a descubrir y a clasificar si os atrevéis: Juan de Dios, el hortera.

Sí, el hortera, o sea el dependiente de la tienda de telas de la que son dueños este y esta.

Por último, llega el clímax final, los capítulos en los que solo cerrarías el libro para salir a la calle a gritar "¿Queréis a España? ¿Queréis este suelo? ¿Queréis nuestras casas, nuestras iglesias, nuestros reyes, nuestros santos? Pues ahí está, ahí está dentro de esos cañones lo que queréis."

Quizá estos gritos estén hoy un poco fuera de lugar, pero no lo estaban en 1808 cuando tanto el recientemente depuesto Carlos IV y su esposa, como su hijo Fernando VII habían abandonado el país, dejándolo en manos de tropas francesas a la que habían permitido amablemente ocupar el país (con la excusa de pasar a Portugal) mientras el ejército recibía órdenes de no oponerse a ello.

En esos primeros días de mayo el ambiente era muy tenso en Madrid, e incluso habían empezado a circular octavillas incitando a la rebelión. Cada vez resultaba más alarmante la numerosa presencia de soldados franceses, mientras descendía el de efectivos españoles, incluso en su breve período como rey, Fernando VII había retirado las tropas que Godoy había desplazado a Madrid para cubrir la retirada de los reyes.

En el Palacio Real el único miembro de cierta importancia de la familia real que queda es un hijo de los reyes, el Infante Francisco de Paula, un niño de apenas 12 años al que sus padres habían dejado atrás mientras ellos se ponían a salvo (gran calidad humana la de los papás). El 2 de mayo por la mañana se hace público que va a abandonar la ciudad y comienzan a oírse gritos delante del Palacio Real de "Se llevan al Infante", "Mueran los franceses".

Galdós nos lleva en este libro, de la mano de Gabriel, a ese día en el que por todas partes parecen surgir grupos de personas de todo tipo que espontáneamente comienzan a atacar a cuánto soldado francés pudieran encontrar en las calles de Madrid.

Corremos con ellos por las calles, oímos sus razones y sabemos cómo un puñado de civiles desorganizados se enfrentaron con el ejército más poderoso del mundo, con un ejército imperial que estaba dominando Europa, armados únicamente con cuchillos de cocina, navajas barberas, escopetas de caza y, cuando no había otra cosa, macetas, muebles, ollas con agua hirviendo y hasta con sus propias manos.

En esta revuelta participaron ricos y pobres, criados y señores, hombres y mujeres, niños y ancianos, miembros del clero y hasta presos liberados durante ese día. Todos participaron como pudieron, muchos murieron o cayeron heridos el mismo día dos en plena batalla. Otros fueron  asesinados esa noche y a la mañana siguiente. Y digo asesinados porque no existió juicio alguno, motivo por el cual murieron muchos inocentes sin implicación probada en los hechos

Capítulo especial merecen un puñado de militares que, desobedeciendo las órdenes estrictas que tenían de no atacar a aquellos que estaban invadiendo su país, se unieron a la batalla y combatieron hombro con hombro con civiles, sabiendo que el único destino posible era la muerte, o bien a manos de los soldados franceses o por la insubordinación que cometían contra sus superiores.

Todos combatieron, todos menos Fernando VII que había acudido voluntariamente a reunirse con su querido Napoleón (sí, he dicho querido) al que le había escrito cartas como esta:

"Lleno de esperanzas de hallar en la magnanimidad de Vuestra Majestad Imperial la protección más poderosa, me determino no solamente a testificar los sentimientos de mi corazón con su augusta persona sino a depositar los secretos más íntimos en el pecho de V. M. como en el de un tierno padre (...)

Imploro pues con la mayor confianza la protección paternal de V.M.I. a fin de que no solamente se digne a darme una princesa de su familia, sino allanar todos las dificultades y disipar todos los obstáculos que puedan oponerse en este único objeto de mis deseos.
"

Ese, ese era El Deseado el hombre que llamaba "padre" al invasor de su país, el hombre cuyo plan era casarse con alguna mujer de la familia de Napoleón para que éste le ayudara a destituir a su padre.

Pero esto no lo sabían aquellos que pronunciaban su nombre antes de morir, ni el futuro que deparaba al país, algo que nosotros conoceremos gracias a los próximos Episodios Nacionales.

* Datos históricos y el fragmento de la carta de Fernando VII a Napoleón sacados de "Madrid 1808 -1813. dEL 2 de mayo a la expulsión de los Franceses" de F. Martínez Canales. Ed. Almena.

http://loqueahorroenpsicoanalisis.blogspot.com.es/

jueves, 17 de octubre de 2013

Sorteo El caso de la pistola y el pastel de chocolate

Hace poco os hablaba de El caso de la pistola y el pastel de chocolate de Ahsley Miller y Zack Stenz, y como me parece un libro bastante divertido me apetece hacer un sorteo con él. Creo que es de esas lecturas amenas y ligeras que vienen bien cuando necesitamos desconectar un poquito.


Podéis leer la reseña que le dediqué AQUÍ

Bases del concurso

Es requisito obligatorio ser seguidor del blog
Es un concurso nacional así que requiere dirección postal en España
El concurso comienza hoy 17 de octubre y finaliza el 13 de noviembre a las 23:59
El día 14 de noviembre publicaré la lista con los participantes y sus puntos, y ese fin de semana realizaré el sorteo
El ganador será elegido a través de random.org y será el tercer número generado
El ganador tendrá el plazo de 5 días para reclamar su premio

Puntos

+1 Por participar
+2 Por ser seguidor antiguo del blog (hasta Daniel Varela)
+2 Por haber comentado en la reseña de El caso de la pistola y el pastel de chocolate antes del día de hoy
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Puntos adicionales

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+5 Por hacer una entrada en tu blog anunciando el sorteo (no importa si es individual o junto con otros sorteos)
+2 Por ser seguidora de la página de Facebook de Serendipia 
+2 Por ser seguidora de Serendipia en Twitter: @Mnicaserendipia
+2 Por anunciarlo en Facebook (con enlace a esta entrada)
+2 Por anunciarlo en Twitter (con enlace a esta entrada)

Cómo participar

Dejar un comentario en esta entrada diciendo que queréis participar e indicando todos los puntos que tenéis (hay que incluir enlace de todo lo que queráis que se contabilice). 

Espero que os guste el sorteo y os animéis a participar ¡Mucha suerte a todos!

Aquí os dejo el banner:


lunes, 14 de octubre de 2013

El tipo más raro del mundo de Derek B. Miller

Sheldon Horowitz tiene ochenta y dos años, es viudo, judío, norteamericano, ex combatiente de la guerra de Corea y relojero jubilado. Su vida parece estar marcada por la pérdida: la muerte de sus compañeros del ejército, la muerte de su hijo Saul en Vietnam, la muerte de su mejor amigo, la muerte de su mujer. Poco le queda al señor Horowitz excepto sus recuerdos, su enorme cargamento de culpa y su única nieta Rhea, su joya más preciada. Rhea está casada con un simpático vikingo noruego y, cuando viajan hasta Nueva York para el entierro de su abuela, insisten en llevarse a Sheldon con ellos a Oslo. Horowitz se siente como pez fuera del agua en su nueva ciudad, aunque reconoce que en Noruega es mucho más difícil que los norcoreanos con ánimo de venganza por sus años de francotirador le embosquen en la calle, llamarían demasiado la atención en ese país de chicos rubios y altos. Inteligente, mordaz, sarcástico, perdidamente enamorado de Rhea, Sheldon sigue cuestionándose su pasado hasta que un día abre la puerta a dos fugitivos y todo vuelve a tener algo de sentido.


Sheldon Horowitz fue voluntario a la guerra de Corea porque cuando intentó alistarse para la II Guerra Mundial le rechazaron por tener sólo 14 años. Como judío, siempre sintió como si hubiese fallado a los suyos, como si hubiese podido evitar las ocupaciones nazis y el Holocausto. Por eso, uno de los momentos más emocionantes de El tipo más raro del mundo es cuando Sheldon decide dejar de mirar por la mirilla a la mujer y al niño que son perseguidos por un monstruo y abrir la puerta:

"Los europeos. Prácticamente todos, en uno u otro momento. Todos han visto por sus mirillas (...) cómo sus vecinos llevaban en brazos a sus hijos mientras unos matones armados los sacaban del edificio como si la humanidad misma estuviera siendo exterminada. Desde el otro lado del cristal algunos sentían miedo, otros lástima (...). Todos estaban a salvo gracias a lo que no eran. No eran, por ejemplo, judíos. (...)

Tranquila y lentamente, pero sin la menor vacilación, Sheldon abre la puerta. (...)

Ahora ya no hace falta mirar por la mirilla. Ya no es una de las personas que aborrece. Sentado junto a sus vecinos, se imagina en medio de un campo de fútbol con un megáfono, rodeado de la generación más vieja de Europa, y exclamando: "¿Tan jodidamente difícil era hacer esto?"."

Derek B. Miller es director del The Policy Lab y miembro del Instituto de las Naciones Unidas de Investigación sobre el Desarme y El tipo más raro del mundo es su primera novela; una historia divertida, amarga, conmovedora, realista y llena de esperanza sobre un viejo judío que todavía está dispuesto a pelear por sus seres queridos pero también por lo que considera correcto. Pero también es una historia sobre el coste personal de una guerra (de cualquier guerra, todas están llenas de horror y de víctimas inocentes) y un estupendo y bien pautado thriller con originales tintes intimistas y tragicómicos.

Miller crea un personaje singular, un Sheldon Horowitz duro de pelar, forjado por sus decisiones y las guerras del viejo mundo, que de repente se da cuenta de que la nueva Europa la de las repúblicas del este y la de los países nórdicos liberales repite los mismos errores que la vieja, que los genocidios siguen persiguiendo a los niños. Y acompañando a este protagonista extraordinario y gruñón, el lector encuentra más personajes inteligentes y bien construidos, con mucho que decir y aportar, como, por ejemplo, una inspectora de policía que sabe pensar y tiene un padre granjero omnisapiente, o un anticuario muerto que sigue poniendo el dedo en la llaga que más duele.

Escrita con buen ritmo (atención a los bien insertados flashbacks de Sheldon) y una prosa que destaca por su contundencia y transparencia (nada de metáforas ni poesía), Derek B. Miller ofrece una ópera prima magnífica y original, una novela entretenida y repleta de invitaciones a pensar sobre el belicismo que todavía campa por nuestra civilización; y con reflexiones tan interesantes como las que el autor pone en el pensamiento de su inspectora: el problema de la inmigración albano kosovar y la violencia desatada que Noruega experimenta como una novedad (los policías noruegos normalmente no van armados).

Sigrid piensa que debido a que su país todavía arrastra cierta culpa y vergüenza por su comportamiento en el Holocausto, parece que estuviese esperando al siguiente genocidio europeo para apresurarse a acoger a los afectados, como una especie de expiación (esta vez estamos del bando de los buenos). Y quizás por eso especula la inspectora se les dio tantas facilidades a albaneses y kosovares para entrar en el país, conseguir la residencia y una ayuda económica para empezar de cero. Sin tener en cuenta que esos recién llegados, en su mayoría, eran criminales de guerra, genocidas, asesinos sin escrúpulos, que huían de la justicia de sus lugares de origen. Porque la matanza de inocentes tuvo verdugos de todas las nacionalidades y etnias. La ex Yugoslavia tardó algunos años en informatizar y compartir todos sus datos e historiales de criminales de guerra y por eso la policía Noruega no tenía expedientes ni antecedentes de los recién llegados que, una vez en su nuevo país, establecían redes de narcotráfico, prostitución, delitos varios y asesinatos de inusitada violencia para la policía de Oslo.

Apunta el autor que no fue hasta 2012, sesenta y siete años después del final de la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobierno noruego se disculpó oficialmente ante la población judía por su acciones durante la ocupación nazi.

Lector, sólo te diré que Sheldon Horowitz es un tipo al que realmente merece la pena conocer, aunque solo sea con la excusa de pararse a pensar un momento en las secuelas personales que tantas guerras siembran en los que mañana serán los adultos que tomen el relevo de la civilización.

Muchas gracias a Editorial Espasa por el envío del ejemplar.


Esta reseña ha sido publicada originalmente en el blog Momentos de Silencio Compartido como colaboración en la iniciativa de Equipo de Redactores.

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jueves, 10 de octubre de 2013

La muerte te espera de Maria Lang

Puck Bure sigue atascada en su tesis doctoral sobre literatura histórica por eso cualquier distracción le viene bien como excusa para meterse en líos. Su reencuentro con un antiguo compañero de estudios, Paul Sandvall, recién nombrado director del mítico teatro de Drottningholm, la deja en un estado de excitada felicidad; Paul la ha invitado a conocer a los artistas de su próxima ópera, Cossì fan tutte. En una pequeña fiesta y tras el estreno de la obra, Puck se asoma entre bambalinas para intimar con la gran soprano Tove, caprichosa y coqueta, la principiante e inocente Daga, la irónica Jill, el egocéntrico y artificial Ulrik, el apasionado Göran o el estupendo Sten Sture. Pero sobre todo, Puck se queda realmente deslumbrada por el brillante y encantador maestro Mattias Lemming, un afamado director de orquesta de talla mundial que parece repentinamente interesado en ella. Pero cuando uno de los principales artistas aparezca asesinado en el hermoso teatro medieval de Drottningholm, el elenco al completo resultará sospechoso por el entramado de envidias, secretos y malentendidos que ocultan tras el telón. Ake Nord y Christer Wijk, inspectores de policía, contarán con la ayuda de la curiosa e implicadísima Puck para llevar a cabo sus pesquisas.


La muerte te espera es una novela policíaca de planteamiento clásico que resulta entretenida y amena por muchas razones: sus personajes son divos y divas del espectáculo de los años 50 (con todas las manías, glamour y delirios de grandeza que el lector está esperando), hay un pequeño romance y triángulo amoroso apuntado con inteligencia e interés, la prosa es ágil y no se pierde en descripciones, los diálogos son estupendos y el culpable no resulta predecible. Aunque en ocasiones la escritura de Maria Lang pueda parecer floja, casi esquemática, lo cierto es que se trata de una narración inteligente y precisa que, aunque lejos de un estilo memorable, conecta bien con el lector y le ahorra explicaciones gratuitas.

Maria Lang, seudónimo de la escritora sueca Dagmar Lange (1914-1991), fue doctora en literatura y uno de los primeros miembros de la Academia Sueca de Escritores de Novela Criminal. Lang escribió La muerte te espera en 1955, circunstancia que añade cierto encanto vintage para disfrute del lector actual. La edición de 2013 corre a cargo de Bruguera Editorial, que ha sabido captar ese toque especial, clásico y chic, que marca la diferencia con el resto de los libros del género del panorama actual. Y es justamente esa circunstancia la que convierte esta novela en una lectura recomendable y curiosa pese a su modesta prosa y protagonistas.

Cuando encontré este título en el blog de Carmen y amig@s, reconozco que lo que más me llamó la atención de la reseña es que prometía un aire al más puro estilo clásico de nuestra añorada Agatha Christie. Y sí, es cierto, tiene justamente ese planteamiento clásico de resolución de misterios e investigación, con el aliciente de unos personajes y una trama dentro del siempre curioso mundillo artístico de los y las divas de la ópera y el teatro a mediados del siglo XX. Sin embargo, aunque ni los detectives ni Puck, la protagonista, tienen el carisma y el encanto suficiente como para recordar a una Miss Marple o a un Hercule Poirot, los nostálgicos de la maestra del misterio quedarán encantados por el evocador recuerdo vintage de La muerte te espera.

Lector,  si estás cansado de la ola de crímenes "que vinieron del frío" que han copado el género negro, disfrutarás del soplo de aire clásico que aporta Maria Lang.

También te gustará: Un problema de tres pipas; La juguetería errante; El gran retorno

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lunes, 7 de octubre de 2013

El caso de la pistola y el pastel de chocolate de A. Miller y Z. Stenz

Cuando el primer día de instituto Colin Fisher vuelve a casa mojado y antes de las nueve de la mañana, sus padres y su hermano saben que algo ha ido mal. Wayne Connolly, el matón de clase, le ha metido la cabeza en los urinarios. Pero Colin no se da por vencido: interactuar con los demás cuando tienes el cociente intelectual más alto del estado de California y te han diagnosticado Asperger no es sencillo. Amparado por su inteligencia y las pautas sociales que ha aprendido con Marie, Colin se enfrenta a su primer curso de secundaria armado con una libreta roja donde anota sus observaciones y la creencia de que entender el ecosistema que le rodea no puede ser tan difícil. Hasta que en la cafetería se dispara una pistola y Colin no puede resistir la tentación de emular a su admirado Sherlock Holmes. Resolver el misterio lleva su método pero interrogar a los sospechosos no va a ser tan sencillo como había creído. Hasta que llegan los refuerzos: una inesperada amistad, una relación de conveniencia, un apoyo sorpresa, un profesor que no se rinde y hasta un Moriarty particular.


Ashley Miller y Zack Stenz son reputados guionistas cinematográficos y El caso de la pistola y el pastel de chocolate es la primera novela que escriben juntos. Y aunque este libro no está precisamente en la sección infantil/juvenil de las librerías, la manera en la que están escritas las anotaciones a pie de página de la historia hacen pensar que es probable que su público inicial sea ese (a no ser que los autores estén convencidos de que todos los lectores tenemos graves carencias de comprensión) aunque, notas horribles aparte, no sea cierto. El caso de la pistola y el pastel de chocolate es una historia amena, original y divertida que encontrará mejor acogida en un público adulto, capaz de leer entre líneas con más soltura y hacerse cargo de la sensibilidad y la ironía de algunas situaciones sutilmente sugeridas.

La historia está escrita con un léxico muy sencillo y apenas descripciones o "literatura de ambiente", lo que a veces provoca una ligera desorientación del lector al verse transportado de un lugar a otro, o de una conversación a otra, sin apenas transición (quizás porque los autores, en este caso, sí le supongan al lector la perspicacia suficiente). El resultado es una narración ágil donde todo sucede con rapidez y sin iteraciones o recordatorios. Diálogos buenos, personajes sólo (eficazmente) esbozados, situaciones curiosas y estupendos planteamientos desde el punto de vista de la psicopedagogía, como la extraordinaria actitud del profesor Turrentine, la opción de independencia de los padres de Colin, o los giros bien pautados y comprensibles de personajes adolescentes como Wayne o Melissa. Y aunque la historia podría haber dado mucho más de si, lo cierto es que resulta una lectura agradable y original con un buen misterio incluido.

Lector, sólo te recomiendo este divertido libro de misterio policíaco en el caso de que antes NO hayas leído Las normas de la casa.


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jueves, 3 de octubre de 2013

El pensionado de Neuwelke de José C. Vales

Mostraba el calendario los últimos meses de 1844 -cuando Livonia era parte del imperio ruso y Wolmar no era más que uno de sus pequeños pueblos, apenas parada obligatoria de las diligencias en aquella incierta posada del Der Rot Flusskrebs, en la calle real-, cuando la señorita Émilie Sagée pisó por vez primera el Pensionado de Neuwelke. El pensionado había sido idea de la señora Eveline, quien no había podido olvidar su falta de preparación en los días de su presentación en sociedad en la victoriana y cosmopolita Londres, y se esmeraba en la más universal educación de las señoritas de buena cuna. Pero por aquel entonces, debido al grave estado de salud de la pobre Eveline, lo regentaba con benevolente diligencia su marido, el señor Buch. Y cuando el señor Buch requirió los servicios de una institutriz de francés para sus alumnas, apareció la estupenda señorita Sagée, procedente de Dijon, y los encantó a todos. Poco podían imaginar los habitantes de Neuwelke que con ella llegaba un misterio oscuro y espeluznante, un acosador enfermo, obsesivo y demoníaco, y una maldición incurable, tan extraordinaria, que cambiaría el pensionado para siempre y dejaría del revés hasta los conocimientos más sagrados del Curioso almanaque científico, agrario y astrológico del doctor Southpaw.


Cuenta José C. Vales que a veces le sorprenden las más oscuras horas del día mientras trabaja. Por eso, cuando leía El pensionado de Neuwelke, no podía evitar imaginarme a su autor escribiendo siempre de noche, al amparo de sus musas insomnes. Quizás precisamente por eso, porque la noche es más propicia para contar este tipo de historias, sea El Pensionado de Neuwelke una magnífica historia de fantasmas.

Divertida, ingeniosa y estupenda en su primera parte (presentación del narrador, de los personajes, del pensionado y su origen), brillante en su segunda parte y dramática en la tercera, El pensionado de Neuwelke es una novela para el puro disfrute del lector. José C. Vales no sólo deleita por su riquísimo léxico de filólogo y políglota, o por su prosa elegante, sostenida, precisa, sino también por su estupendo sentido del humor ("Otra razón por la que el señor Klöcker jamás se enamoraría era que daba clases de latín") y por hacer encantadoramente creíble a su narrador: un británico de mediados del siglo XIX, quizás con cierta añoranza del romanticismo reciente.

"(...) me preocupa que el amable lector se adentre en esta historia como quien asiste a un cuento de viejas o a una locura romántica. En nuestro tiempo de realismos y descreimientos, apenas se atreve uno a declarar que el mundo es un lugar asombroso, lleno de misterios y maravillas incomprensibles.

Dicen algunas reseñas que la novela de José C. Vales les ha recordado a algunos escritos de Henry James o de Wilkie Collins. Quizás porque no soy devota de ninguno de esos dos autores me he resistido a encontrarle parecido al señor Vales, y El pensionado de Neuwelke me ha parecido una obra original, de un estilo personalísimo y encantador, con su propio ritmo; quizás con la influencia de un delicado eco de literatura británica decimonónica y con suaves ropajes de un romanticismo tardío (o un realismo temprano, quién sabe) pero, en todo caso, con un carácter único y genuino.

Son muchos los motivos por los que he disfrutado mucho con la lectura de El pensionado de Neuwelke, pero si tuviera que señalar alguno más, además de por lo comentado en los párrafos anteriores, diría que mil detalles han sido los culpables. Por ejemplo...

Por Jonas Fou'finger, cochero, mayordomo, criado, guardián, maestro de tulipanes, cocinero de oropeles y espantos de frambuesa, etc. y nada más que jardinero.

Por Jonas Fou'finger, monsieur le jardinier

Por los oropeles y los espantos de frambuesa

Porque el gato de Neuwelke se llama Ossián

Por la cariñosa burla a las poses profundamente románticas del profesor David Whimple

Por los labios Fragonard de la señorita Sagée

Por Julie buscando explicación a los fenómenos paranormales en David Hume

Por el Curioso almanaque científico, agrario y astrológico del doctor Southpaw

Por tener que coger el diccionario para buscar ciconiforme o crotorar

Por las puyas entre la señorita Vi y el señor Whimple

Por el libro de Marianne y Elinor, los cotilleos de Emma Woodhouse, la enredada historia de la señorita Elizabeth Bennet o incluso el monstruo de la esposa del poeta Shelley.

Y, sin duda, por las sesenta y tres chimeneas del Pensionado de Neuwelke para Señoritas.

Lector, si hace tiempo que olvidaste el simple placer de la lectura, esta estupenda historia de fantasmas te lo traerá de vuelta.

También te gustará: La abadía de Northanger; El cuento número trece

martes, 1 de octubre de 2013

Donde viven los monstruos de Maurice Sendak

"La noche que Max se puso su traje de lobo y se dedicó a hacer faenas de una clase y de otra su madre le llamó "¡MONSTRUO!" y Max le contestó "¡TE VOY A COMER!""


Desde que leí El devorador de libros de Rebecca Makkai, quedé intrigada por uno de los títulos que Lucy recomendaba a su lector favorito: Donde viven los monstruos de Maurice Sendak. Lucy decía que ojalá toda su aventura pudiese suceder como en este libro infantil y rematarla con la genial frase de su final "...y todavía estaba caliente".

Hoy traigo a Serendipia Donde viven los monstruos como un ejemplo extraordinario de cómo un buen libro es capaz de abrir una puerta a la imaginación del lector. Un ejemplo de cómo la buena literatura viene en todos los formatos. Un ejemplo de cómo los autores no siempre están obligados a contar o a explicar o a narrar. 

Un ejemplo de que, a veces, la buena literatura no tiene más que sugerir para que entendamos.

Lector, asómate a la ventana que tan magistralmente abre Maurice Sendak para que sea la imaginación del lector, que no su pluma, la que escriba la historia.

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