lunes, 29 de febrero de 2016

El libro de los esnobs, del Duque de Bedford

Es una verdad universalmente conocida que la gente solo se interesa por sí misma. Y como toda la gente es esnob y le encanta leer sobre sí misma, a todos les gusta leer sobre los esnobs. Por eso el Duque de Bedford escribe este genial y divertidísimo manual de cómo un verdadero esnob puede llegar a triunfar en su esnobismo en unos cuantos sencillos —pero carísimos— pasos. Eso sí, es necesario tener algunos conceptos claros: el acento de Oxford no es codiciado en la sociedad arribista, los Duques son piezas de coleccionista, sea deleznable con los mayordomos y el servicio doméstico, sea un gran entendido en la caza del zorro (*) y procure no acostarse con la anfitriona ni con las esposas de otros invitados cuando consiga que alguien señalado le invite a pasar un fin de semana en la campiña inglesa. 

"El esnobismo es, en gran medida, el placer de mirar a los demás por encima del hombro. Y nuestro mundo está confeccionado de un modo tan maravilloso que cualquier persona -cualquiera- siempre encuentra alguien a quien mirar por encima del hombro."


"Leer es tolerable. Puede incluso tener usted un gusto literario culto y selecto, aunque es mejor mantenerlo en secreto. Nadie le creerá si afirma estar realmente interesado en Sartre, Kafka, Camus o en la poesía de Robert Graves. Usted solo estará aparentando. Ahora bien, aparentar está perfectamente bien, desde luego, pero si opta por el esnobismo intelectual es que algo grave le ocurre."

Cuentan las solapas de esta estupenda edición de Kailas editorial que "Nacido en una de las familias más aristocráticas de Inglaterra, el duque de Bedford fue un privilegiado observador de las debilidades de sus semejantes y de las ventajas de ostentar un título nobiliario". Precisamente el autor —John Ian Robert Russell, Duque de Bedford— avisa en los primeros capítulos de este divertidísimo y sarcástico manual del esnob arribista que la desaparición del Imperio y la devaluación de los títulos nobiliarios fue un duro golpe para los esnobs (Gran Bretaña siempre ha sido una esnobocracia). Y aunque en los años sesenta (El libro de los esnobs fue publicado por primera vez en 1965) se encontraba más interesante el dinero que los títulos, el verdadero esnobs sigue suspirando por codearse con duques y marqueses. 

"No se puede ser un erudito de dos a cuatro de la tarde, y esnob el resto del día. Uno debe ser esnob las veinticuatro horas del día, todos los días, ya esté despierto o dormido (...). Hay que aceptar la chifladura con toda la guarnición."

Mordaz, cínico, ingenioso y delirante, el Duque de Bedford explora todas las posibilidades de éxito para el esnob más ambicioso. Desde la regla de oro de la conversación entre esnobs (usted no interesa, solo interesa el otro) hasta las estrategias para sacar partidos del ayuda de cámara, la carrera de esnob resulta delirante: "Un esnob no teme a la muerte. Teme al impuesto de sucesiones".

Lector, una lectura genial, desternillante y con mucha clase ;-)

(*) El Duque de Bedford, ya a mediados del siglo XX era un acérrimo detractor de la caza del zorro. 

También te gustará: El antropólogo inocente; Ven y dime como vives; El club de lectura de los oficiales novatos

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jueves, 25 de febrero de 2016

Postdata. Curiosa historia de la correspondencia, de Simon Garfield

Las cartas de legionarios romanos movilizados en Vindolandia pidiendo más cerveza para las tropas o calzones para el invierno inminente; las tiernas declaraciones de amor de Plinio el Joven a su esposa Calpurnia ("no te imaginas el anhelo de ti que me posee"); las descripciones de Petrarca, el verdadero primer turista de la Historia; Las breves misivas entre Enrique VIII y Ana Bolena; los encantadores cotilleos de madame de Sévigné; las instrucciones, más o menos prácticas, para su hijo del conde Chesterfield ("No te rías de una persona por su aversión al queso o a los gatos"); las rabietas de Napoleón con Josefina ("Me cuentan que te has puesto gorda como una granjera normanda"); las soporíferas epístolas de Jane Austen... Cartas, cartas, cartas de todos los tiempos y de todas las formas, tamaños, estilos y excéntricos remitentes ocupan esta extraordinaria y divertidísima historia de la correspondencia. Desde la primer carta (ficticia) de la Historia hasta la irrupción en el último cuarto del siglo XX, pasando por la invención del sistema de correos, los buzones o la romántica Dead Letter Office, entre otros muchos hitos epistolares, Simon Garfield deleita al lector con anécdotas y personajes insuperables mientras repasa con encanto, humor y mucho ingenio la curiosa historia de la correspondencia en occidente.

"Las cartas tienen el poder de engrandecer la vida. Son prueba de motivación y ahondan en el entendimiento. Demuestran cosas, cambian vidas y reordenan la historia. Hubo un tiempo en el que mundo funcionaba gracias al correo (...). Un mundo sin cartas sería ciertamente un mundo sin aire que respirar."


"A mi mujer, Justine Kanter, la conocí en una época en la que los correos electrónicos y SMS románticos ya habían desbancado a las cartas. Este libro es un intento de revertir ese proceso."

Simon Garfield dice que su intención al escribir este estupendo y curioso ensayo sobre la historia de la correspondencia es rendir homenaje a las epístolas que han plasmado todo un mundo además de cumplir con la misión de deleitar a sus destinatarios. Por estas páginas desfilan filósofos, escritores, novelistas, poetas, periodistas, emperadores, soldados, líderes religiosos, dictadores, aristócratas, funcionarios, comerciantes... Todo un elenco de personalidades, más o menos conocidas, que dejaron al mundo el testimonio de sus apasionantes, excéntricas, aburridas, soberbias, estúpidas, conmovedoras, etc. epístolas.

Garfield no solo se detiene en un divertido análisis de los escritores de cartas más interesantes de la historia —Cicerón, Marco Aurelio, Petrarca, Madame de Sévigné, Samuel Richardson, Anthony Trollope, Virginia Woolf, John Keats, Henry Miller, Ted Hughes, etc.— sino que acompaña al lector a lo largo de varios capítulos sobre la aparición del primer sistema postal en Gran Bretaña, la propuesta de los buzones, la censura y el espionaje, los códigos en clave de los sobres (a principios del s. XVII dibujaban una horca para indicar lo que podía pasarle al jefe de correos si se perdía la misiva o para apremiar al mensajero con dicha amenaza), el uso de los primeros sellos, los inventos postales de Lewis Carroll, las excentricidades de Oscar Wilde o la tristeza de Charlie Brown cuando pronuncia "Debe haber millones de personas en todo el mundo que no reciben nunca cartas de amor. Yo podría ser su líder."

Para que os hagáis una idea de lo divertido, curioso y apasionante que es esta historia de la correspondencia os dejo una muestra de parte de su índice.

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Los capítulos sobre los escritores de cartas, los inventos postales y sus avances o las instrucciones para escribir misivas correctas en todas las ocasiones (cartas sobre escándalos, alerta sobre el peligro de una conducta demasiado coqueta o consuelo para una dama que ha perdido su belleza por la viruela) se intercalan con la reproducción de las vívidas cartas del soldado especialista Chris Barker a su prometida desde su emplazamiento militar en Oriente durante la Segunda Guerra Mundial.  

Lector, un entretenidísimo y apasionante ensayo, imprescindible para las almas románticas y curiosas.

Descubrí este apasionante libro gracias a la magnífica reseña de Mientras Leo

Si te apetece conocer que otras jugosas anécdotas de escritores famosos comparte con el lector Simon Garfield te invito a que leas el artículo que escribí para La piedra de Sísifo sobre este libro: Esos locos escritores de cartas

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lunes, 22 de febrero de 2016

Mi maravillosa librería, de Petra Hartlieb

Petra y su marido Oliver tienen una cómoda vida: trabajos que les gustan, cafés a media tarde, unos hijos felices, una buena casa en Hamburgo, amigos, un poco de dinero para imprevistos, vacaciones... Hasta que un día surge la oportunidad de pujar por una pequeña librería en Viena que acaba de cerrar sus puertas. Petra es periodista y no se ha desvinculado nunca de escritores y poetas, y Oliver trabaja en una gran editorial; ninguno de los dos es del todo ajeno al mundo de los libros pero jamás antes habían sido libreros. Tras muchas dudas y cálculos, toman prestado un dinero que no tienen y hacen una oferta por la pequeña librería. Su sorpresa será mayúscula cuando sea aceptada y se hagan realidad sus planes librescos. A partir de entonces, su ordenada vida se va al garete y un torbellino de cambios —que pasa por vivir en casa de unos amigos durante meses, olvidarse de cocinar o de las vacaciones, mudarse de país o hacer turnos para dormir— desemboca en una historia de amor, lágrimas y agotamiento por mantener abierta y con buena salud su pequeña y maravillosa librería vienesa.

"Jamás he sacado a Oliver de una reunión, ni siquiera cuando me puse de parto; entonces esperé con calma a que me llamara él.
—Tienes que venir inmediatamente. Hemos conseguido la librería. ¡Mierda, tenemos una librería!"


Petra Hartlieb y su marido tienen una pequeña librería de barrio en Viena que con los años y toneladas de pasión, cariño y trabajo han convertido en casi legendaria librería. Ella es vienesa, como su negocio, él alemán, y sutilezas culturales aparte ambos se enamoran del oficio de librero y de todos y cada uno de los clientes que pasan a diario por su pequeña tienda. En Mi maravillosa librería Petra explica cómo puso en marcha el negocio (obras, prestamos, reformas, logística, mudanzas, pedidos, clientes...) y lo agotador que resultó para toda la familia. Poner en marcha un negocio contra todos los pronósticos de la actualidad editorial y librera se revela en estas páginas como una aventura de proporciones hercúleas. Petra no solo se enfrenta con valentía a las reformas de su tienda o al nuevo sistema informático para registrar pedidos y facturas, sino que además pone en marcha campañas publicitarias, alerta sobre las amenazas "amazonicas" o disfruta con la charla de todas las personas que se pasan a comprar un libro o a traer comida o a limpiar de nieve la marquesina o...

Mi maravillosa librería se lee con placer, curiosidad y una sonrisa en los labios por la gracia que tiene Petra Hartlieb para relatar sus aventuras de aquella época en la que puso en pie su pequeño y romántico negocio. Pero en estas páginas no solo descubrirá el lector la historia de una librería (con el atractivo añadido de que todos los lectores hemos soñado alguna vez con trabajar en una igual a la de Petra) sino que también encontrará reconfortantes muestras de amistad, de solidaridad, de humor, de esperanza librera, y de la misma vida. A veces, montas una librería y la vida te da una lección inesperada: tú, que nunca le pides nada a nadie, te encuentras con un montón de amigos y conocidos que te presta su tiempo, su dinero, su casa, su conocimiento y su ayuda sin que tú se lo hayas solicitado y sin pedir nada a cambio por ello, simplemente porque pueden echarte una mano. Y esto, lector, aunque parezca ficción, no lo es en absoluto; el problema es que pocas veces ocupa la portada de los medios de comunicación.

"Los propietarios de las pequeñas librerías podrían haberles demostrado de antemano, con unos simples cálculos, que uno no puede hacerse rico con los libros (muchas de las pequeñas empresas familiares lo saben desde hace generaciones). La diferencia entre nosotros y los grandes es banal y un poco cursi: nosotros vivimos nuestro sueño, y haciéndolo pretendemos financiar más o menos nuestra vida; ellos quieren obtener beneficios, y que éstos sean cada año mayores."

Atención a las argumentaciones sobre las amenazas reales de las librerías en el siglo XXI, las puyas humorísticas a la "alemanidad" de Oliver, y a escenas tan hermosas como la de los niños bajando de noche, en calcetines, a buscar un libro entre los estantes. 

Lector, una lectura muy agradable de no ficción.


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Mi maravillosa librería

jueves, 18 de febrero de 2016

Hombre sobre una escultura, de Álvaro del Olmo

Hércules Degard, según su propia definición, es un decisor subvenzatario con la sensación de vivir en suspenso. A veces persigue monjas en autobús para que su amigo Cyrille las fotografíe, siempre curioso (¿a dónde irán las monjas? ¿por qué?). Posiblemente enamorado de Sophie, la hermosa y triste mujer del tiempo que aspira a ser actriz, sabe que sigue en peligro cada vez que la desconcertante y carnal Oko se cruza en su camino. Y Oko no parece dispuesta a borrarse del mapa porque, como bien dice Luigi, ellos eran la pareja del año. Pero nada en su vida es tan confuso como la percepción del arte. Hércules, que debe asistir a representaciones y exposiciones e informar al Editor de si estas manifestaciones artísticas son susceptibles de ser subvencionadas o no, delira surrealismos cada vez que intenta comprenderlas; las exposiciones desaparecen a sus espaldas, todo ese arte sin transcendencia, como él, como su vida. Y si cada vez que escucha al violinista del metro sabe con seguridad que es arte, el resto no es más que nebulosa e invento. Un invento que se convierte en negocio clandestino pero también en locura imaginativa o en la misteriosa (y a veces delirante) construcción de realidades.

"Veía a Cyrille abandonando las butacas con la cabeza gacha, y yo pensé que él era así siempre, que desde pequeño llevaba la cámara al cuello y eso le había ido acercando progresivamente la cabeza al suelo. Pero no; Cyrille había experimentado la suspensión como una especie de expulsión de todo el aire sobrante (...)."


Editorial: Rayo Verde
Colección: Rayos Globulares
ISBN: 978-84-15539-75-9
Género: Novela
Publicado en noviembre 2014
440 páginas

Hombre sobre una escultura es la primera novela del joven escritor madrileño Álvaro del Olmo. Sorprende por su complejidad, por su riqueza léxica y por ese fluctuar narrativo que acuna por lo musical de su cadencia. No es, en ningún caso, una novela corriente, una pieza de consumo rápido, sino que se trata de una curiosa exquisitez para lectores en busca de libros complejos, divertidos y distintos. Enamora, sobre todo, el ritmo gramatical y el juego que propone la locura poética de un protagonista, Hércules Degard, que explica en primera persona vivencias y sentimientos mezclados y desordenados con líneas narrativas que no son más que su imaginación desbocada. 

Y si el protagonista mezcla realidad con ficción en su monólogo narrativo —dentro de la ficción de la novela—, abundan en esta curiosa historia continuas referencias culturales (como los diálogos Dostoievski, las reflexiones de Wilde sobre la música, su nombre de detective famoso, las muletas de Dalí, etc.) y una querencia sintomática a rondar el surrealismo ("Nos hemos olvidado de que el objetivo del surrealismo era cambiarlo todo de sitio para descubrir verdades escondidas") tanto por referentes como por escenarios (atención a la locura de Sherezade, los peces).

Los párrafos más hermosos son los que se refieren a Sophie 

"Y aun así verla subirse a un taxi al doblar la esquina hizo que llegara el invierno."

"La tristeza en sordina de Sophie. Se sabe por cómo recorre el norte de manera demasiado vaga, por ese ademán impropio con los dedos al señalar las ciudades. Cuando está concentrada, cuando ha tenido un buen día y tolera su trabajo, apunta a las provincias y las cordilleras con decisión o, incluso, si está muy feliz, define el contorno de las borrascas con el dedo meñique, lentamente y con cuidado, como quitándole las legañas al hijo que no tiene."

y los más desconcertantes siempre corren a cargo de la imaginación suspendida de Hércules. El resto de personajes (Cyrille, Luigi, Oko, Maya) cumplen un papel preciso y precioso en el mosaico de colores y piezas que componen esta extraña y adictiva novela. Cuando cierre este libro, el lector podrá decir muchas cosas de la novela de Álvaro del Olmo pero seguramente lo hará teñido por la sorpresa de lo inesperado de su prosa y de su historia. Hombre sobre una escultura es tan original como su título y tan singular que es fácil imaginarla en el catálogo siempre diferente de Rayo Verde Editorial.

Lector, solo para lectores que huyen de lo predecible y se pierden con humor y curiosidad por entre los párrafos más extravagantes.

También te gustará: La muñeca de Kokoschka

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Hombre sobre una escultura en La Central, Laie y Kobo
Hombre sobre una escultura (para kindle)

lunes, 15 de febrero de 2016

Cartas de una pionera, de Elinore Pruitt Stewart

En 1862 Estados Unidos aprobó la Homesteading, la ley que regularizaba la colonización de las míticas tierras del oeste norteamericano: 160 acres de tierra a toda persona que así lo solicitase a condición de unos 15 dólares y que construyese allí una casa y la convirtiese en su vivienda habitual durante, al menos, cinco años. "Si el solicitante era una mujer, se le requería que fuese mayor de 21 años, soltera, viuda, divorciada o cabeza de familia". Desde principios del siglo XX, los nativos americanos han sido recluidos en reservas y centenares de personas cambian los sueldos de miseria de las grandes ciudades americanas por la libertad y la oportunidad de convertirse en hacendados en el hermoso y todavía salvaje Oeste (entre 1898 y 1917 se colonizó más tierra que en las tres décadas anteriores). Y ese es el caso de Elinore Pruitt, una mujer que desencantada de su trabajo y su vida decide convertirse en colona y cambiar la ciudad por los increíbles paisajes de montañas y pinos de Wyoming. No en vano, Elinore sostiene que la solución a la pobreza es la colonización. Cartas de una pionera recoge la excepcional correspondencia de Elinore con su anterior patrona, las largas y encantadoras cartas —llenas de aventura, de belleza y de aventura— en las que explica su nueva vida de colona, exploradora y pionera feliz entre 1909 y 1913.

"Cuando leí lo mal que lo pasan los pobres de Denver me entraron ganas de animarles a todos a que salgan de allí y registren la propiedad de alguna tierra. Me entusiasma ver cómo las mujeres se animan a la vida de la hacienda. En realidad es menos fatigoso cultivar mucho para satisfacer a una gran familia que trabajar lavando, con la satisfacción añadida de saber que no vas a perder el empleo si te preocupas por mantenerlo."


La correspondencia de Elinore Pruitt Stewart fue publicada por primera vez en 1913 por la revista Atlantic Monthly, hasta que casi un año después, la Houghton Mifflin Co. recopiló todas las cartas y las publicó en un solo volumen (Letters from a woman homesteader) encantada por la buena acogida que habían tenido entre el público norteamericano. La presente edición en castellano es de Hoja de Lata editorial (2013) y la traducción es de Rosana Herrero Martín.

Elinore no solo es una mujer excepcionalmente valiente, fuerte y con un sentido fantástico de la aventura, y con una capacidad incansable de explorar el mundo, sino que además tiene un especial don para escribir sus vivencias de una manera tan encantadora y divertida que atrapa al lector desde las primeras frases. Estas cartas, biográficas, auténticas como la vida de los hacendados en esas tierras apenas holladas por el hombre, ofrecen un testimonio único —y muchas veces insólito— de la aventura de los primeros colonos pero también de un paisaje y una filosofía de vida que forjaron a generaciones posteriores. Y aunque Elinore es una mujer sin estudios superiores nosotros sabemos el secreto de su estupenda redacción epistolar: lee, lee y lee, mucho y bueno. 

"Tengo mi casa en mitad de las montañas azules, mis niños bien educados, mi esposo limpio y honesto, mis lindas y generosas vacas lecheras, mi jardín (...). Hay montones de pollos, pavos y cerdos que está a mi cuidado. Tengo unos cuantos caballos viejos, lentos y nobles, y una vieja carreta. Puedo subir a los críos y en cualquier momento ir a donde me apetezca. Tengo los mejores vecinos, los más amables, y tengo también mis queridos amigos ausentes ¿Entiende por qué soy tan feliz?"

El resultado es un libro autobiográfico y epistolar de una mujer extraordinaria en un marco histórico y geográfico único. Las cartas describen momentos tan especiales como las primeras excursiones de Elinore con su hija, sus pasitos como casamentera, las navidades con los nuevos amigos, el divertido pique con Clyde para bautizar a los carneros recién nacidos o una terrorífica noche a merced de dos cuatreros buscados por la ley y con precio sobre sus respectivas cabezas. Con ternura, con simpatía y con un buen humor invencible, las vivencias de esta pionera bien se merecen esta estupenda edición.

Lector, te parecerá estar acampado alrededor de la hoguera, con un cielo estrellado sobre tu cabeza y las montañas de Wyoming al fondo mientras escuchas las historias de Elinore.

Este libro llegó a mí gracias a la estupenda recomendación de Cazando Estrellas.


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Cartas de una pionera

jueves, 11 de febrero de 2016

La pieza que faltaba, de Antonia Romero

Eva es enfermera pero hace meses que con sus contratos precarios apenas gana para pagar el alquiler de su apartamento en Madrid. Cualquier esfuerzo por malvivir es bueno antes que volver a casa de una madre que no la quiere bien. Pero cuando Eva acepta convertirse en la dama de compañía de la anciana y adinerada Carmen Grimaldos no sabe dónde se está metiendo. La riquísima señora Grimaldos no solo es insoportable y antipática sino que además la envía en misión imposible a Barcelona: debe conseguir que Ander Izarra, su hijastro y socio en la cadena hotelera que ha heredado de su difunto marido, abandone el piso de su padre para que ella pueda trasladarse a vivir allí. La historia de odio entre Ander y Carmen es larga, apasionada y misteriosa ¿Qué pinta Eva en medio de ese enfrentamiento de voluntades? Pues ni ella misma lo sabe. Por suerte, una ex-diseñadora de zapatos y su hija adolescente, un ama de llaves, un abogado y el mejor amigo de Ander no van a darle ni un momento de respiro para arrepentirse de su aventura. 

"Me encontré con la felicidad sentada en un chiringuito de la playa. Se parecía a Romy Schneider."


"En realidad, no son los demás los que nos colocan en el sitio en el que estamos (...), somos nosotros."

Para una historiadora, uno de los muchos encantos de leer a Jane Austen son las frecuentes referencias temporales que enmarcan sus novelas. No solo son de un delicado y magnífico costumbrismo de la época Regencia sino que además recrean una sutil habilidad para situar personajes y acción donde corresponde a través de detalles, paisajes y diálogos. En el caso de Orgullo y prejuicio, por ejemplo, me gustan las casacas rojas y las referencias a los movimientos de tropas y destinos de los soldados ingleses movilizados contra Bonaparte; las consecuencias del conflicto internacional para los ingleses en general y para los habitantes de la campiña en particular; la situación socio-económica de la pequeña nobleza de la época; los problemas de una muchacha joven soltera, los entretenimientos, etc.

A estas alturas os estaréis preguntando porqué os estoy dando la brasa con Jane Austen en una reseña sobre una novela de Antonia Romero. A Antonia y a Jane las separan unos cuantos años pero, al igual que la escritora inglesa, Antonia demuestra en La pieza que faltaba su buen pulso a la hora de enmarcar con precisión e ingenio a sus personajes en este momento exacto del siglo XXI: crisis económica, jóvenes profesionales con trabajos precarios, desahucios, hipotecas asesinas, destrucción de empleo, emigrantes forzosos, series televisivas, música contemporánea, redes sociales, referencias literarias... incluso la moda del running. Porque si en tiempos de Austen era "una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa", en la época de Antonia Romero la verdad universalmente reconocida es que la futura esposa tiene una excelente educación y muy pocas probabilidades de encontrar un empleo digno.

Antonia Romero encaja a la perfección en la realidad más cercana una trama con tanto ritmo y complicidad que intriga y convence al lector desde el primer capítulo. Puede que sus personajes se muevan por los motivos ancestrales shakesperianos (celos, amor, envidia, odio, remordimientos...) pero lo hacen con mucho encanto por las costumbres y el marco socio-económico de este siglo. Por eso La pieza que faltaba, además de romántica, es costumbrista, crónica de ficción actual y genial.

"-¿Qué soñaste anoche, Rochester?
-Soñé que me querías."

Desde el principio, la trama apuntala bien dos misterios a través de los cuales el lector va a acompañar a Eva, su inocente y agradable protagonista: la historia de odio entre Ander y Carmen, y los mensajes directos de Twitter que se intercambian un hombre (Rochester) y una mujer (Jane) desconocidos. Dos preguntas que se convierten en el poderoso motor de una historia que fluye con elegancia y mucha gracia, que atrapa, interesa y se disfruta. Además de su costumbrismo del siglo XXI y la intriga que plantea, La pieza que faltaba sobresale de entre las novelas de su género por sus sólidos protagonistas: los personajes de Antonia Romero son tan carismáticos, tan brillantes, tan cercanos al lector, tan coherentes, que una entiende a qué se refiere exactamente la autora cuando se etiqueta a sí misma como "una escritora de personajes". A mí me ha sorprendido (aunque ya debería haber estado advertida después de La tumba compartida o Los muertos no aceptan preguntas) la facilidad de conectar con todos ellos, la complicidad de los caracteres y las pocas ganas que tienes de perderlos de vista cuando terminas de leer La pieza que faltaba

Muchos otros son los atractivos de esta estupenda novela pero dejo al lector que los descubra por sí mismo. En esta pequeña reseña he querido comentar los aspectos que más me han gustado de La pieza que faltaba y señalar que además entretenida, divertida, romántica e intrigante, lleva la garantía de la estupenda prosa que caracteriza a su autora. 

Lector, una novela romántica, costumbrista, actual, realista, acogedora, simpática... es decir, unos personajes y una historia donde te mudas a vivir unos días y no quieres que se termine la estancia.

Ah, y tiene Banda Sonora ;-)


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La pieza que faltaba

lunes, 8 de febrero de 2016

Bienvenida a este mundo, pequeña de Fannie Flagg

"Elmwood Springs, Missouri, no alcanza en absoluto la perfección, pero en comparación con los demás pueblos podría decirse, sin ponerse sentimentales ni inventar mentiras, que se aproxima a ella." La vecina Dottie emite un programa radiofónico diario desde la sala de estar de su casa, en donde siempre hay pasteles y galletas recién horneadas para todos; la pobre Tot ha rehecho su vida, los Nordstrom preparan las mejores comidas caseras, el correo se reparte en bicicleta, las noches templadas los vecinos se saludan desde sus porches mientras toman limonada... Una vida sencilla y sincera de quienes se sienten satisfechos con ellos mismos y los lazos de su comunidad. Muy lejos de la vida desordenada y estresante en el Nueva York de los años 70 de la estrella emergente de la televisión Dena Nordstrom. Dena, una joven originaria de Elmwood Springs que hace años que no ha vuelto por el pueblecito natal de su padre, lidia con una úlcera de estómago mientras sus escrúpulos y su integridad entran en conflicto creciente con su ambición de conseguir presentar el telediario de máxima audiencia de Norteamérica. Su vida, a años luz de sus parientes de Elmwood, ha entrado en una peligrosa espiral de mentiras y de bloqueo emocional parece empeorar a medida que aumenta su éxito profesional.

"Si no fuese porque tiene la inscripción WDOT en letras doradas y negras en la ventana delantera, el órgano en el cuarto de estar, la antena de radio en el jardín, y también porque es una parada de autobús interurbano y alberga un parvulario en el porche trasero, y porque en ella vive una perra que todos los años recibe una felicitación del presidente de Estados Unidos, podría decirse que es una casa normal y corriente."


Los lectores que conocen a Fannie Flagg (Alabama, 1944) por ser la autora de Tomates verdes fritos en el Café de Whistle Stop, novela que fue llevaba al cine por Jon Avnet con el título de Tomates verdes fritos, no se sorprenderán si les digo que Bienvenida a este mundo, pequeña tiene todo el encanto sureño de los pueblecitos idílicos de los años 40 y 50 en Norteamérica. Aunque esta vez, Flagg contrapone los valores de la entrañable comunidad de Elmwood Springs, Missouri, al despiadado mundo de los medios de comunicación de Nueva York en los años 70, cuando el caso Watergate fue la punta de lanza del cambio periodístico que estaba experimentando el llamado país de la libertad. Y en esta comparación tan brutal y desigual, crece la historia de Dena Nordstrom, una mujer totalmente incapacitada emocionalmente, pese a su increíble escala de valores, que debe reconciliarse con su pasado para afrontar cualquier futuro. Aunque lo cierto es que los personajes rurales de Flagg (como la tía Elner, Dottie, Macky y Norma, entre otros), porque son genuinos y únicos, ganan por la mano el interés y la simpatía del lector hasta el punto de deslucir y dejar en segundo plano a la -a veces algo insoportable- Dena protagonista. 

Al igual que ocurría con Tomates verdes fritos en el Café de Whistle Stop las principales bazas de esta historia son los personajes sureños: excéntricos, encantadores, fuertes, de moralidad intachable y espíritu indomable. Flagg vuelve a construir un pueblo, una comunidad, a la que el lector tiene ganas de mudarse después de un día duro en la jungla de asfalto. Sin duda, las novelas feelgood no son un invento de este siglo y las historias y los personajes de Fannie Flagg, con sus tartas caseras, sus galletas recién horneadas, sus cafés en buena compañía, sus porches acogedores, sus familias adorables y sus mujeres extraordinarias, es un buen ejemplo de la calidez acogedora que pueden albergar ese género de novelas.

Lector, una lectura agradable que emociona con la calidez de otros tiempos y pueblecitos sureños.


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Bienvenida a este mundo, pequeña

jueves, 4 de febrero de 2016

La señorita Pym dispone, de Josephine Tey

La señorita Lucy Pym se convierte inesperadamente en una celebridad literaria inglesa cuando su ensayo sobre psicología popular —escrito como protesta por las tonterías que se ha cansado de leer en los manuales de los supuestos expertos en el tema— se convierte en un best seller. Algo cansada por sus múltiples compromisos derivados de su inesperado éxito editorial acepta encantada la invitación de su amiga de la infancia, Henrietta Hodge, para pasar unos días en la escuela de educación física para señoritas de la que es orgullosa directora. Lucy en seguida se acomoda al agradable aunque intenso ritmo de la escuela apenas unos días antes de los exámenes finales y no tarda en caer rendida a los pies —convenientemente enfundados en zapatillas de ballet— de las encantadoras alumnas. La señorita Pym aprovecha para analizar sus caracteres y ejercitar sus dotes psicológicas, pero en seguida se gana el cariño de las chicas y se sorprende alargando su estancias unos días más, hasta el fin de las clases... hasta que una poco acertada decisión de Henrietta agita los ánimos y pone al descubierto que la vida en el internado no es tan idílica como parece y que el comportamiento de muchas de las alumnas es, como mínimo, ciertamente inquietante.

"Y quizá se debiera al hecho ineludible de que cualquier psicóloga que se precie no se permite juguetear con conceptos tan pasados de moda como puedan ser las premoniciones, pero aquella noche no pareció escuchar la voz del pequeño diablillo bienintencionado que le susurraba en sus ya adormecidos oídos: "Márchate, Lucy. Vete mientras todo va bien. Márchate de aquí.""


La señorita Pym dispone es una entretenida novela de suspense psicológico que transcurre en un, aparentemente, encantador internado para señoritas situado en plena campiña inglesa en los años cuarenta del siglo XX. Sin embargo, no espere el lector profundas reflexiones y análisis sobre el carácter de los protagonistas porque la señorita Pym, a través de cuyos ojos vemos a los personajes, está bastante verde en eso de calar las verdaderas intenciones de sus congéneres. Seguramente todo sea culpa de su bienintencionada inocencia porque hasta que Bollito de Nuez (mejor no preguntes, lector) no le apunta varios datos inquietantes, ella no ve más que chicas encantadoras por todas partes. Vamos que otro gallo les cantaría a las niñas del internado si fuese Gervase Fer quien destapase el pastel. 

Josephine Tey (Inverness 1896 - Londres 1952) escribió fundamentalmente novela policíaca y de misterio, género este último en el que se podría encasillar La señorita Pym dispone. Sin embargo, esta estupenda novela no es un thriller negro al uso, o un gran e insondable misterio por resolver, sino que más bien se trata de un entretenido rompecabezas con muchas tazas de té en la campiña inglesa y jóvenes bellezas poniendo a prueba la cordura de la pobre Lucy; donde destaca sobre todo la habilidad de Tey para reflejar atmósferas y sinergias sociales soterradas, tensión y verdades que se callan o se disimulan. Y aunque probablemente el lector resuelva el misterio antes que nuestra atolondrada señorita Pym, el más que agradable encanto de esta lectura (british charming a raudales) está más que garantizado.

Lector, una simpática investigadora con un puzle bastante original que resolver.

Escogí esta lectura tras descubrirla en la estupenda reseña de Rustis y Mustis leen Y no os perdáis tampoco la reseña que acaba de publicar un blog al que me quiero mudar a vivir porque allí nunca hace frío, Las inquilinas de Netherfield


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La señorita Pym dispone

lunes, 1 de febrero de 2016

El gran misterio de Bow, de Israel Zangwill

La señora Drabdump, la viuda fatalista que regenta la casa de huéspedes de Glover Street, en el barrio londinense de Bow, se levanta tarde una mañana de niebla. Solo se ha retrasado unos treinta minutos de su horario habitual pero sube las escaleras hasta el cuarto del señor Constant cargada de malos presagios. Y quizás por la niebla o quizás por la fatal intuición, el señor Constant no se despierta. De hecho, el pobre señor Constant, un buen hombre entregado a las causas más nobles de la lucha obrera de finales del siglo XIX, no se despertará nunca más con niebla o sin ella. La señora Drabdump se apresura a llamar a su vecino, el detective jubilado Grodman, quien dará parte a Scotland Yard en cuanto compruebe que, efectivamente, Constant está muerto en su cama. El problema es que la habitación del difunto se hallaba cerrada por dentro y que el enorme tajo de su garganta no indica que haya sido precisamente un suicidio. 

"-Bueno, ¿qué ha estado haciendo todo este tiempo?
-¿Por qué lo pregunta? ¿Qué debería haber estado haciendo?
-¡Cómo iba yo a saber lo que había sido de usted! Pensé que se trataba de otro asesinato.
-¿Qué? -el vaso de Denzil se hizo añicos contra el suelo-. ¿Qué quiere decir?
(...)
-¿Qué quiero decir? ¡Solo que no habría estado mal si le hubieran asesinado!
-Sin duda tiene usted unas ideas horribles. 
-Sí, pero ciertamente prácticas -replicó la señora Crowl, que no había vivido tantos años con Peter en vano-. Y si no le han asesinado, ¿a qué se ha dedicado entonces?"


El sentido del humor y la visión tragicómica de las obras de Israel Zangwill (Londres, 1864 - Midhurst, 1926) caracterizan a este autor con originalidad e ingenio incluso cuando aborda novela policíaca. Si bien El gran misterio de Bow se presenta como "Una de las soluciones más brillantes al juego del cuento policial" (según cita Jorge Luis Borges), lo cierto es que el lector va disfrutar tanto o más de sus divertidísimos diálogos y de la ironía, el cariño y la sátira con la que Zagnwill describe a sus personajes.

"Al igual que los reyes y los editores, los detectives son difíciles de abordar (a menos que sea usted un criminal, en cuyo caso no verá jamás ninguno)."

"Hay tres razones por las cuales los hombres de genio tienen el pelo largo. Una de ellas es que se olvidan de que les está creciendo. La segunda es que les gusta. La tercera es que resulta más barato, de modo que lo llevan así por la misma razón por la que no cambian de sombrero."

Una viuda nacida para ser viuda, dos inspectores de policía que se odian cordialmente, un poeta de melena desastrada y sin blanca a quien las criadas del barrio de Bow exprimen misteriosamente y sin compasión, dos líderes laboristas enfrentados, la aparición estelar del mismísimo primer ministro William E. Gladstone (minimizado precisamente por los dos líderes obreros) y una bella heroína desaparecida son algunos de los simpatiquísimos y carismáticos personajes que intervienen en este misterio de "asesinato a puerta cerrada". 

Lector, para pasártelo en grande con el sentido del humor del ingenioso señor Zangwill. Ah, bueno, sí, y también para comprobar si eres capaz de resolver el asesinato antes de que el autor te cuente la solución.

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El gran misterio de Bow